María M. [email protected]
El nombramiento de la señora Lucía Salvo en el Minsa, nos tiene con la expectativa de un nuevo estilo de gestión, marcado por la transparencia administrativa y la búsqueda de la calidad en la salud pública. Su principal reto será lograr un cambio en la visión tradicional que la misma sociedad nicaragüense tiene del tema de la salud pública. Este cambio depende de todos nosotros.
Debemos dejar de ver la salud pública como un asunto exclusivo del Minsa, la convocatoria a otros actores será clave en la nueva gestión, la presencia de ONG en zonas de pobreza extrema, su sensibilidad social y flexibilidad institucional, serán un importante complemento estratégico, considerando el diseño institucional actual del Minsa de clara vocación “curativa”, donde solamente el 15% del presupuesto está dirigido a promoción y prevención.
La empresa privada deberá jugar su papel, nuestras empresas enfrascadas en el esfuerzo productivo nacional, no contabilizan el costo de la falta de salud de sus trabajadores, el ausentismo por enfermedades prevenibles y su impacto en la productividad.
Avanzar en el sentido de visionar la inversión en salud laboral como un asunto que mejora su competitividad, bajo costos y contribuye a su imagen corporativa, será otro reto interesante.
Modernización y equidad serán partes de un mismo tema, el reciente estudio sobre cuentas nacionales de salud refiere un aumento de la participación de familias y empresas en el gasto nacional de salud.
Tenemos sectores de población sin posibilidades de pagar y que deben ser atendidos gratuitamente, pero contribuye una inequidad que los sectores que sí pueden pagar, no lo estén haciendo por la carencia de un régimen contributivo eficiente en nuestros hospitales.
En el esquema actual, las salas de “pensionado” deben generar ingresos “extrapresupuestarios”, cobrando a quienes quieren y pueden pagar por un servicio especial. Pero estos servicios carecen de una gerencia adecuada, por ejemplo, el principal cliente de servicios diferenciados del Hospital Nacional de Niños, son las empresas previsionales del régimen INSS, pero cuando se factura el servicio prestado, la estructura de costo no considera la depreciación de los equipos y medios que utiliza el hospital, y mediante subvaloración, al final de la jornada, el sector público resulta subsidiando al privado.
Entonces, lo que en el momento es un beneficio, porque resuelve necesidades de efectivo del hospital, para cubrir exámenes y medicamentos para los más pobres; a largo plazo, está embargando la posibilidad de reposición del costoso equipo médico y por tanto, comprometiendo la capacidad de este servicio para seguir generando ingresos de manera sostenible.
Este tema de que los hospitales evolucionen de unidades que administran un limitado presupuesto, a unidades productores de servicios de salud, es uno de esos cambios que serán vitales.
Pero todos estos cambios de visión y enfoque, demandan señales inconfundibles de las nuevas autoridades: erradicar de manera visible y reconocible la ineficiencia administrativa y la corrupción.
La autora es pediatra infectóloga