En el transcurso de un desayuno trabajo el martes de la semana pasada, representantes de medios de comunicación y directivos de la Cámara Americana Nicaragüense de Comercio (Amcham) abordaron el tema de la cobertura de hechos noticiosos, con relación a la necesidad que tiene Nicaragua de recibir inversiones extranjeras.
Algunos directivos de Amcham señalaron en dicha reunión, que la publicación de “malas noticias” puede contribuir a ahuyentar a los inversionistas extranjeros. Bajo esa misma lógica podría entonces decirse que la publicación de “buenas noticias” puede contribuir a atraerlos. Ambas afirmaciones contienen mucho de verdad, pero conviene analizar la lógica bajo la cual operan los inversionistas, y la responsabilidad de una prensa seria, libre y responsable.
En primer lugar, hay que partir del hecho que los inversionistas son gente inteligente, con gran capacidad de análisis e interesados en hacer negocios, lo cual quiere decir que quieren ganar y no perder. Los inversionistas no son ilusos. Antes de tomar la decisión de invertir en un país, cualquier inversionista serio recaba la mayor información posible de todas aquellas variables que podrían afectar su proyecto, verifica dicha información, la analiza y la pondera. Podemos estar seguros también que el inversionista obtiene de los medios de comunicación una parte de la información que necesita, y que la incorpora como insumo para su análisis y decisión final.
Hay que tener presente que invertir significa tomar riesgos, pero riesgos calculados. Si el resultado del análisis indica que el retorno estimado de la inversión supera el nivel de riesgo, la inversión se hace. De lo contrario no se hace. De ahí que todo país tiene que interesarse en reducir el nivel de riesgo de invertir en él. Pero ese nivel se reduce corrigiendo lo que está mal —inseguridad jurídica, inestabilidad política, corrupción, etc.— y no tapando lo que está mal.
En segundo lugar, los medios de comunicación en toda sociedad democrática tienen la obligación de denunciar lo bueno y lo malo que ocurre en el país. Es una responsabilidad grave e irrenunciable, porque es precisamente a través de la denuncia de hechos delictivos que la sociedad se puede enterar de lo que acontece y presionar para que se apliquen medidas correctivas. En los países no democráticos en donde no existe la libertad de expresión, el poder gubernamental hace lo que quiere al saber que no está siendo supervisado por la sociedad. Tal situación no hace más que aumentar la corrupción estatal y, al mismo tiempo, no contribuye a atraer inversiones. Todo lo contrario. Uno de los elementos que todo inversionista valora como positivo es la libertad de expresión, porque sabe bien que es una manera eficaz de evitar los abusos estatales a los que él mismo puede verse expuesto en determinado momento.
No cabe duda de que tanto los directivos de Amcham como nosotros y la mayoría de los medios de comunicación, deseamos que se multiplique la inversión nacional y extranjera. Estamos seguros también que, tanto ellos como nosotros, queremos que las cosas de Nicaragua marchen por el camino correcto, que haya más transparencia en el manejo de los bienes del Estado, que las licitaciones sean limpias, y que haya más justicia. Pero diferimos, por lo visto, en la valoración del juicio de los inversionistas.
Tomemos como ejemplo el caso del sistema judicial. Sabemos muy bien lo deficiente que es nuestro sistema de justicia. ¿Podría alguien pensar que si los medios de comunicación no hubieran dado a conocer los múltiples casos delictivos que han ocurrido en los últimos años, y en los que la justicia ha brillado por su ausencia, los inversionistas no se habrían preocupado de saber cómo marcha el sistema judicial en nuestro país? No nos engañemos. No es ocultando lo que está mal como atraeremos la inversión extranjera. Tomemos conciencia que lo que urge hacer, por el bien de Nicaragua y para ganarnos la respetabilidad y la confianza de los extranjeros que quieren meter su capital en Nicaragua, es corregir lo que está mal.
Eso lleva tiempo, pero hay que empezar ya. Afrontemos la realidad y decidámonos a construir una nación que sea atractiva, no porque se oculte lo feo, sino porque las instituciones encargadas de impartir justicia sean justas, eficaces y eficientes.