Ruth C. de Fuentes
Quiero hablar un poco sobre la devoción de Sor María a la Santa Casa de la Virgen en Loreto, Italia, y el uso de las campanitas que ella regalaba como señal y prenda de la protección especial de María Santísima.
Según la tradición, la Santa Casa fue transportada por los Cruzados desde Nazaret a Loreto, para sustraerla a las devastaciones de los sarracenos. La primera nota escrita relativa a la traslación se remonta a Teramano, vigilante del Santuario entre 1465 y 1472. Según los últimos estudios, la Santa Casa llegó a Italia, desmontada por mar. Se ha averiguado que el lugar de la Anunciación se transformó en lugar de culto judeo-cristiano desde el II y III siglo. Salió a la luz debajo de la Santa Casa un dibujo esgrafiado (grafito) del siglo II, en griego, que dice: “Kaire María” (Ave María).
Por los documentos de los Archivos Vaticanos, leídos al comienzo de este siglo, se sabe que la madre del duque de Atenas, Guy de la Roche, Elena Angeli, la cual gobernó Jerusalén en lugar del hijo menor de edad (1287-1294), fue la que hizo trasladar la Santa Casa a Italia, precisamente en la fecha arriba indicada, llegando a Ancona entre el 8 y el 9 de diciembre del 1294.
Las campanillas recordaban el sonido de las campanas que solas saludaron el paso de la Santa Casa la noche del 9 de diciembre de 1294. Todavía hoy en la Diócesis de Ancona que comprende Loreto, en la noche del 9 al 10 de diciembre se tocan las campanas en todas las iglesias.
Las impresiones que tuvo Sor María al ir a la Santa Casa fueron fortísimas y duraderas, dijo: “¡Estoy loca de amor! Es un tesoro del cielo que me ha robado el corazón”.
Entre uno de tantos milagros que Sor María hizo por medio de las campanitas es el siguiente: en San José, Costa Rica, un grupo de estudiantes universitarios fue a pasar un día de campo en uno de los cerros de ese lugar, cuando eran las 5 de la tarde al juntarse los muchachos para regresar se dieron cuenta que hacía falta uno de ellos, lo buscaron un rato, pero como ya estaba oscureciendo decidieron irse porque en la oscuridad se iban a perder todos; al llegar a San José fueron a la casa del muchacho y le dijeron a la mamá lo que estaba pasando, ella se fue donde Sor María a pedirle ayuda. Sor María le dio una campanita y le dijo: “Vete a tu casa y comienza a rezar y a tocar la campanita todo el tiempo, si te cansas de una mano comienza con la otra, pero por ningún momento deja de rezar y tocar la campanita”, ella regresó a su casa y comenzó a rezar y tocar la campanita.
El muchacho al verse perdido y a oscuras se subió a un árbol para evitar los animales, estando arriba comenzó a oír el toque de unas campanas y pensó: “Cerca debe haber una iglesia me voy a ir siguiendo el toque de las campanas”, y así comenzó a caminar hasta que llegó a la carretera donde tomó un bus y llegó a su casa, serían las 2 de la mañana, su mamá todavía seguía rezando y tocando la campanita, el muchacho abrazando a su madre le dijo: “Mamá ése es el toque de campanas que he venido siguiendo”.
La fe y el amor de Sor María a su Rey y Reina eran contagiosos, con ella aprendimos a amarlos más.
Miembro de la Asociación Sor María Romero.