PAC en el recuerdo

Gloria Guardia de [email protected]

Pablo antonio cuadra ha muerto. el escritor y pensador nicaragüense que, conjuntamente con José Coronel Urtecho, Joaquín Pasos y Julio Ycaza Tijerino izó con chispa y agudeza las banderas de la Postvanguardia Literaria en el mismo territorio poético que medio siglo antes había cobijado a un Rubén Darío adolescente, se ha marchado humilde y silencioso, tal como vivió y creó durante casi noventa años. Su partida, como es natural, nos ha dejado adoloridos, cabizbajos; pero no hemos quedado huérfanos pues su legado a la literatura latinoamericana es, desde hace rato, palabra perdurable. Poeta, periodista, ensayista y dramaturgo, la obra de este singular nicaragüense marcó a la par de la de Octavio Paz, un giro hacia la restitución de la poesía como eje del pensamiento filosófico que, a partir de Heidegger, deja atrás la posición aristotélica y cartesiana frente a la Metafísica y la Lógica y se abre al símbolo, a la metáfora y al mito como el medio —el más apto—, para hablar el lenguaje del Ser y de los hombres.

Autor de más de una veintena de libros, entre los que recordamos títulos tan logrados como Canto Temporal (1943), Libro de Horas (1944) El Jaguar y la Luna (1959) Cantos de Cifar (1972) Siete árboles contra el atardecer (1979) y Tun-tun la ronda del año, su obra —de una constitución recia y esmerada— gira alrededor del trienio Naturaleza, Cristo y Mito, tal como lo he señalado en el “Estudio sobre el pensamiento poético de PAC”, publicado en la editorial Gredos, de Madrid (1971) y en “La palabra mitopoética en la poesía de PAC”, reproducido por el Boletín de la Academia Colombiana de la Lengua (octubre-noviembre, 1997). De ahí que se pueda afirmar que la creación poética de Cuadra representa dada su elaborada limpidez, el testimonio de un auténtico pensador y, en esa medida, de un poeta verdadero.

Como periodista, Cuadra será recordado como co-director del Diario LA PRENSA, de Managua, por la integridad de su posición frente a las tiranías y por una prosa que, al igual que su poesía, fue siempre atenta a la voz del humilde y del desposeído. Dos libros suyos, frutos de sus célebres Escritos a máquina —“El nicaragüense” y “Otro rapto de Europa”— son ya lectura obligatoria para aquellos que buscan reflexionar, a través de la palabra, sobre el drama eterno del hombre entre fugacidad y permanencia.

En lo académico y en la promoción y divulgación de la cultura, el legado de Cuadra quedará por siempre vinculado a la fundación y dirección de una de las revistas más respetadas, “El pez y la serpiente”, que durante casi medio siglo ha divulgado el haber intelectual de los más destacados antropólogos, sociólogos, etnólogos, historiadores, filósofos, lingüistas y creadores literarios de América Latina, Norteamérica y Europa. No cabe duda de que la huella de esta publicación, conjuntamente con la de Sur, Vuelta y El repertorio americano es de un valor incalculable para aquellos que investigan sobre el patrimonio cultural e histórico de nuestros pueblos.

En lo personal, he perdido a uno de los seres más allegados a mi corazón y a mi alma. Cuadra fue mi mentor intelectual y, sobre todo, fue mi amigo. Comparto, por eso, el dolor de su viuda, doña Adilia, de sus cinco muchachos, de sus nietos y bisnietos que constituyeron ese círculo de unión, en las alegrías y en las penas, que fue la familia íntima de Pablo.

La autora es miembro de la Academia Panameña de la Lengua.  

Editorial
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