Eduardo Enrí[email protected]
Hay que ponerle ojo a este pretendido aumento de la tarifa de Enitel. No sólo porque pretenden crucificarnos con un aumento del 35 por ciento, sino porque si nos fijamos bien, quedan un montón de cosas en el aire sobre lo que ha pasado y está pasando en esa empresa, que todavía es 60 por ciento estatal.
Tomemos las recientes declaraciones del presidente Enrique Bolaños con respecto a este tema. Don Enrique dijo, cuando se le preguntó sobre el aumento, que él no lo conocía, pero que lo dudaba “porque esa empresa ha ganado un montón de dinero en los últimos dos años”.
¿Cómo? Según lo que nos dijeron los funcionarios del gobierno anterior, Enitel era una carga, estaba quebrada, y había que venderla para deshacerse de ese fardo.
El 13 de mayo de 1999 el entonces presidente de la empresa, Jorge Solís, dijo textualmente: “somos una empresa deficitaria que no es rentable, la recibimos (del gobierno anterior) prácticamente en quiebra”.
Pero eso no es todo. Ahora resulta que Telcor, que es el ente regulador de las telecomunicaciones, reconoció en junio del año pasado, que “la red de Enitel es una de las más modernas de América Latina” y que “las tarifas para llamadas locales, de larga distancia nacional e internacional, son las más altas de Centroamérica”.
Sin embargo, a nosotros nos dijeron durante la administración Alemán que la red de Enitel era obsoleta y que precisamente había que vender ese lastre porque el Estado no podía invertir en la modernización de las telecomunicaciones. Ahora venimos a darnos cuenta que el Estado ya invirtió en la modernización, sólo para después vender esa inversión.
Pero como si esto fuera poco, en junio del 2000, el Gobierno decidió limpiar las deudas que esa empresa estatal tenía con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).
Recapitulemos entonces: Enitel no estaba quebrada, era una empresa que “ganaba mucho dinero”, según don Enrique; no tenía tecnología obsoleta, sino una de las más modernas de Latinoamérica; cobra las tarifas más altas de la región, y gran parte de su deuda ha sido saneada… Sin mencionar que opera un monopolio.
A mí me quedan al menos dos preguntas: ¿quién en su sano y ético juicio desearía vender una empresa así de ventajosa? Y si había que venderla, ¿cómo fue posible justificar esa venta en 80 millones de dólares en abonos suaves?
Pero lo que más me preocupa es que el nuevo gobierno nos salga con el cuento que van a “negociar” para que el pretendido aumento sea “menor”.
¡Por favor! Si en las condiciones en que se llevaron la empresa lo que habría que esperar es una reducción de la tarifa, no un aumento tan descomunal.
Si lo que dice Telcor y don Enrique es cierto, no se debe autorizar ni un solo centavo más, sino que deberían iniciar una investigación para averiguar cómo fue ese negocio.
Y de paso dejan claro de una vez por todas quién en realidad compró la empresa “quebrada”.