Ernesto J. Marín
Podríamos imaginarnos que cuando surgieron los contrastes, tesis y antítesis, inundación y sequía, calor y frío, ya en este país tenían muchos años de estar vigente, suntuosidad y miseria, salud y enfermedad. Este fenómeno vivencial se aprecia mucho más en toda las actividades políticas que se pueda observar sobre la arena de la lucha por el poder. Hacemos énfasis en las modalidades de gobernar en esta tierra, cuando creemos y sostenemos, que según lo aprendido al leer nuestra historia, todavía no hemos encontrado a un gobernante que desde el Ejecutivo se ajuste a la legalidad, la ética y la decencia, porque siempre han actuado como monarcas absolutos, saltándose toda las instancias para conservar su hegemonía y hacer sentir su arbitraria presencia en todos los estratos de la administración pública, parece que nunca se tomaron la molestia de leer a Montesquieu el nombrado ideólogo de la separación de los poderes del Estado. El titular del Ejecutivo (Frase acuñada por P.J.Ch.C.) cuya función es la de un auténtico autócrata criollo disponía y dispone a su antojo del poder absoluto en toda la nación nicaragüense. Pero lo más trágico para los ciudadanos que después de décadas del martirio de Pedro Joaquín, todavía el monopolio medieval del poder se sigue ejerciendo en esta atropellada Nicaragua.
El heroico Partido Liberal, un sobreviviente nato, náufrago en más de un siglo que nadie ha podido hundir, sigue navegando sostenido por la etérea presencia de Zelaya, Schick, Ramiro Sacasa, y el casi fenecido y último excelentísimo, el que hubiera sido capaz de echar a pique de nuevo al legendario Titanic, y que no ha podido hacerlo con mi partido porque nuestros valores nos sirven de flotadores ante la vergonzosa y pesada mancha, manchas que este señor diseñó con su característico e impuro estilo y que todavía continúan salpicando nuestras conciencias.
Sir Francis Acton a mediados del siglo XVIII ya lo había pronosticado: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Ahora que se nos acerca la fecha de la alternabilidad del Poder Público, sólo nos toca sumirnos en la oración, invocando todos los valores cívicos para que don Enrique y don José cierren tantas heridas causadas por los abusos y arbitrariedades heredadas de los anteriores quinquenios que hemos sufridos y tolerado.
No va a ser un camino de rosas el que se va abrir para el ingeniero y el doctor, porque las enfermizas ambiciones de los viejos inquilinos de Casa Presidencial, que ya están haciendo muy cuidadosamente sus maletas para trasladar hasta el cepillo de diente al edificio de la Asamblea Nacional, y claro está junto con las secuelas de los métodos, técnicas, mañas y deslealtades que sórdidamente ejercieron con nocturnidad cuando laboraron al costado de la Plaza de la República.
Habrá que ver la sintonía de nuestro Gobierno con los nuevos Diputados Liberales seleccionados y elegidos bajo presión de la misma persona que no acepta ser cuestionada por nada ni nadie, y donde la independencia y criterio serán un pecado imperdonable para nuestro dieciochesco autócrata. El presidente Bolaños tendrá que hacer uso de todos los métodos de presión para hacer entrar en razón a semejante espécimen. Pero va a ser muy difícil y caótico, similar si trata de meter a la fuerza a un elefante en una delicada tienda de cristales y porcelanas. Yo conozco bien a ese señor desde su pretérita pobreza a sus actuales riquezas, y será harto difícil coartar su radio de acción por su ya patológica y desmedida ambición, arrogancia y vanidad.
El autor es diplomático.