Gilberto Bergman [email protected]
Don Enrique tiene un reto, la profesionalización del servicio exterior. Ha iniciado el camino la ley No. 358 “Ley del Servicio Exterior” de fecha 29 de septiembre del año 2000. Ahora vendrá lo más delicado que es su reglamentación e implementación.
Hace poco llegó a mis manos un documento para poner en ejecución la Ley del Servicio Exterior con el nuevo escalafón del Cuerpo Diplomático Nicaragüense. Me entristeció ver cómo los autores quieren continuar con los vicios tradicionales. Amiguismo, nepotismo e ignorancia total de la diplomacia.
Hace más de cien años Rubén Darío dijo: “En Nicaragua la diplomacia de carrera no existe, y sin diplomacia de carrera, sin escuelas preparatorias, sin escalafón, sin orden en los ascensos y promociones, esa rama del gobierno lleva una vida precaria y dañosa al tronco sustentante. El nepotismo encuentra un ancho espacio en qué empollar, los diplomáticos ocasionales son, servidores de un gobernante y no de la patria”; y continúa Darío, “hay gobiernos y gobernantes a quienes les importa un comino la representación nacional en el exterior y que todo lo subordinan a sus intereses personales”.
Darío estima que nuestras naciones hispanoamericanas deben prestar gran atención a la formación de sus representantes diplomáticos. Ellos son la fisonomía del país en el exterior. Aconseja que los cargos sean cubiertos por personalidades reconocidas por profesionales idóneos o, de ser posible, que las misiones diplomáticas se profesionalicen, sólo así se logrará una mayor dignidad y eficacia que siempre redundarán en beneficio de las naciones hispanoamericanas.
¿Puede el servicio exterior de Nicaragua convertirse en botín preciado de quienes, detentando el poder, buscan llenar sus embajadas con personajes frustrados? ¿Puede entregarse la titularidad de las representaciones diplomáticas de una nación, a quienes fracasan dentro de la política, economía y su propia profesión? ¿Es lícito admitir que la brillante carrera de un médico, de un exitoso abogado, de un renombrado escritor de un industrial los habiliten por ese único mérito a asumir la responsabilidad de una misión en el exterior? Para estas interrogantes sólo hay como única respuesta, la más cerrada negativa.
Nicaragua ha inventado un nuevo tipo de diplomático, el “Embajador en Consulta”. Consiste en nombrar Embajador a un empresario, el que presenta credenciales en el país receptor, se queda un par de días y luego regresa a continuar sus trabajos en Nicaragua. Este tipo de diplomacia en nada nos favorece, ya que el diplomático nombrado ni conoce el país, desconoce los aspectos esenciales de la política interior y exterior y ni siquiera es miembro del Cuerpo Diplomático del país en que está acreditado.
Estoy seguro don Enrique, que al finalizar su mandato los nicaragüenses tendremos una diplomacia profesional, conocedora de nuestra política exterior, del derecho diplomático y de su esencia misma que es el arte de poner en práctica esa Política Exterior: la diplomacia. De ser así, tenga usted la seguridad que será recordado como estadista y no como político, como lo dijo en su discurso.
Ex embajador en Argentina y rector de la UCC.