El ex presidente Arnoldo Alemán anunció el martes de esta semana, que la primera iniciativa que impulsará en el Parlamento será una ley para que todos los empleadores paguen un “décimo cuarto mes” a los empleados con hijos entre cinco y veinte años de edad. Dicha ley tendría el título de “bono escolar” y supuestamente beneficiaría a los padres de familia con hijos en edad escolar. La declaración de Alemán, como era de esperarse, ha causado el rechazo y una enérgica protesta del sector empresarial.
¿Significa eso que Alemán es un “benevolente padre de la patria” preocupado por la ciudadanía, y que los empleadores son unos desalmados a quienes les importa un comino el bienestar de sus empleados? No hay duda que es eso lo que el diputado regalado por el sandinismo quisiera hacer creer, pero un poco de análisis deja al descubierto que eso no es más que un gesto populista y politiquero, que pone al desnudo la ignorancia de Alemán en materia económica, o lo que es peor, su intención de perjudicar el desarrollo de Nicaragua.
Es un gesto populista, porque Alemán sabe que cualquier persona se pondría contenta de ver incrementado su ingreso en más de un 7 por ciento sin tener que trabajar o producir más. Y una de las cosas que Alemán, como político, pretende lograr, es quedar bien con la gente, y mejor aún si es con sombrero ajeno, como en este caso. Y la tal ley le serviría también para castigar al sector privado que se pronunció a favor del diputado Jaime Cuadra, quien junto con tres diputados liberales y un conservador volvieron por el honor de la clase política y la dignidad parlamentaria al oponerse a la imposición de Alemán en la presidencia de la Asamblea Nacional, hecho degradante que se consumó ayer con el apoyo de la ausencia cómplice de la bancada FSLN.
Pero la iniciativa del “décimo catorce mes” es también un gesto politiquero que supuestamente le permitiría a Alemán quitarle al FSLN el monopolio de las iniciativas populistas, y hacerle pagar un alto costo político al presidente Bolaños, quien, para ser consecuente con su plan de promover el desarrollo del país por medio de la inversión local y extranjera, se vería forzado a vetarla.
Decimos que la propuesta de Alemán demuestra su ignorancia en materia económica, o su interés en perjudicar el desarrollo del país, porque de ser aprobada reduciría la demanda de empleados por parte de los empleadores. La ley de la oferta y la demanda es clara: entre más sube el precio de cualquier producto o servicio, la demanda del mismo disminuye. Alemán debería saber que la demanda de mano de obra no se escapa a esa ley, lo cual quiere decir que si su iniciativa prosperara, los empleadores se verían forzados a recortar personal y a evitar contratar a cualquier persona que tuviera hijos entre cinco y veinte años, o sea que, al final de cuentas, perjudicaría a muchos de aquellos a los que supuestamente intenta beneficiar.
Y lo que es más grave: al encarecer el costo de hacer negocios en Nicaragua, la ley del “décimo catorce mes” ahuyentaría la inversión extranjera que tanto necesita el país y que el presidente Bolaños ha promovido enérgicamente desde el primer día de su recién iniciado mandato gubernamental. Los que como Alemán ignoran los principios básicos de la economía, no acaban de entender que el nivel de salarios en cualquier país no puede mejorarse por medio de leyes, y que lo único que puede hacer que los salarios suban sin afectar negativamente la economía es si se logra aumentar la demanda de empleo. Sólo cuando eso sucede, es decir, cuando los empleadores tienen que competir por la mano de obra disponible, es que se ven forzados a subir los salarios para poder retener o ampliar su fuerza laboral. Por eso resulta estúpido pretender mejorar los salarios con leyes populistas en un país como Nicaragua, donde los salarios son bajos precisamente porque la oferta de trabajo supera la demanda del mismo.
De manera que precisamente por el bien de los más pobres es que la irresponsable propuesta de Alemán no debe prosperar.