El presidente Enrique Bolaños anunció, en su discurso de toma de posesión, el comienzo de “una nueva era” de crecimiento económico, eficiencia gubernamental, despartidarización de las instituciones, austeridad y honradez en el ejercicio del poder, e intolerancia con los actos de corrupción.
El nuevo primer mandatario no mencionó a los medios de comunicación, ni el libre acceso a las informaciones gubernamentales de público interés. Pero se conoce que enviará muy pronto a la Asamblea Nacional una iniciativa de ley sobre el acceso a la información pública, y nombró para manejar su política informativa a personas que supuestamente tienen buenas relaciones con los periodistas. O sea, que al parecer hay intención de mejorar la política informativa del gobierno, la cual, bajo el anterior gobierno fue desastrosa por la chabacanería del ex presidente Alemán y su empeño en ocultar la desenfrenada corrupción y castigar de cualquier manera a quienes la denunciaron.
Sin embargo, al anunciar que exigirá a los miembros de su equipo de gobierno “una conducta acorde con los mismos principios de honestidad, austeridad, probidad y actitud de servicio que yo profeso…”, el presidente Bolaños advirtió que “es muy fácil destruir el honor de una persona por rumores o denuncias sin fundamentos; por simples actitudes personales o de rencor contra la persona, o su partido o los programas de gobierno o las instituciones”. Lo cual es correcto en términos generales, y se interpretó como una advertencia a los nuevos miembros del gobierno —los llamados “amigos de Bolaños”— para que no difundan rumores ni hagan denuncias contra sus rivales arnoldistas del PLC. Pero también es el mismo argumento que esgrimió el ex presidente Alemán para desacreditar las denuncias de corrupción, plenamente fundadas y documentadas, que los medios independientes y LA PRENSA en particular hicieron durante el gobierno anterior.
Por otro lado, algunos dirigentes de la empresa privada han señalado que los medios de comunicación deben ayudar a la “nueva era” del presidente Enrique Bolaños, absteniéndose de difundir noticias negativas y destacando más bien los hechos positivos del gobierno. Al respecto es necesario y oportuno expresar claramente nuestro criterio, de que una prensa independiente no se autocensura ni oculta, por ninguna razón, los hechos positivos o negativos que ocurren en la sociedad. La función de una prensa libre no es apoyar a ningún gobierno, así sea el mejor del mundo, sino informar verazmente sobre todo lo que tiene interés público y valor informativo. Si algunos medios quieren ser panegiristas o detractores del gobierno, ése es su problema, pero la prensa independiente y ética no alaba al gobierno, por ejemplo porque “hace” obras de progreso social y nacional, pues tal es su primordial obligación y para eso recibe los impuestos de la población y los recursos de la cooperación externa.
Un periodismo que respeta al público y se estima a sí mismo no puede engañar a la población ni a los inversionistas extranjeros, diciéndoles que aquí no hay “piñatas”; que nadie incrementa su patrimonio personal y familiar al amparo del poder; ni abusa del gobierno para hacer carreteras particulares e infraestructuras de sus haciendas; que no hay desfalcos de bancos ni se cobra coimas por compras del Estado y privatizaciones; y que no hay quien se enriquezca mediante checazos, sueldazos e “indemnizaciones” millonarias, cuando en verdad eso es lo que ha ocurrido en Nicaragua. Por el contrario, es obligación de la prensa independiente y ética denunciar la corrupción, para que se corrija y así dar confianza a los inversionistas nacionales y extranjeros. Y si el presidente Bolaños confirma o reacomoda en su gobierno a personas que estuvieron involucradas en la corrupción y forman parte del régimen mafioso que estableció el ex presidente Alemán, también tenemos que hacérselo saber al público.
En realidad, lo que hay que hacer no es ocultar lo malo, sino erradicarlo. Y para eso no basta la buena voluntad de un gobernante honesto sino que es necesaria una irrestricta información y la denuncia de todos los actos de corrupción, grandes o pequeños, que ocurran en el gobierno y en el país. Así lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo, en la medida en que sea necesario, durante la “nueva era” del presidente Enrique Bolaños.