En la hora de la Patria

La elección que tendrá lugar hoy en la Asamblea Nacional es trascendental para el futuro de la vida política y económica de Nicaragua. Del resultado de la misma depende que se cumpla o se burle la voluntad de quienes el 4 de noviembre votaron para que hubiese un verdadero cambio de gobernantes.

Los 52 diputados liberales, los 38 sandinistas y el conservador, elegirán hoy a la Junta Directiva que deberá regir el quehacer del Poder Legislativo por los próximos doce meses. En teoría hay dos candidatos para el cargo de presidente del Parlamento: el doctor Oscar Moncada Reyes (su actual presidente) y el ingeniero Jaime Cuadra Somarriba, ambos miembros del Partido Liberal Constitucionalista. Pero la realidad, sin embargo, es completamente otra: los verdaderos contendientes son el ingeniero Jaime Cuadra Somarriba y el doctor Arnoldo Alemán Lacayo, ya que el doctor Moncada está actuando solamente como un prestanombres de Alemán, quien, de ganar Moncada, se convertiría a los pocos días en presidente de la Asamblea Nacional.

Siendo esa la realidad planteada, la pregunta verdaderamente importante que los 91 diputados deben formularse el día de hoy es la siguiente: ¿cuál de los dos candidatos le conviene más a Nicaragua? La respuesta a esa pregunta es la que en última instancia debe orientar el voto de cada diputado. Cualquiera otra consideración debe ocupar un lugar muy secundario.

Pero, ¿qué significa en este caso el mayor bienestar de Nicaragua? No cabe duda que lo que más necesita el país en este momento es mejorar radicalmente su deteriorada imagen internacional. Nicaragua ocupa un deshonroso cuarto lugar entre los países más corruptos de América Latina. Y esa mala imagen no es gratuita ni intrascendente. No es gratuita porque es consecuencia de un gobierno que se ha visto envuelto en múltiples actos de corrupción, y no es intrascendente porque ella ha bloqueado el arribo de importantes flujos de inversión extranjera que pudieran haber creado miles de puestos de trabajo para la empobrecida población nicaragüense.

El momento para cambiar esa mala imagen que pesa sobre las espaldas de nuestro desventurado país es hoy, y está en manos de los 91 diputados que elegirán esta mañana al presidente de la Asamblea Nacional. Si eligen a Oscar Moncada —léase, a Arnoldo Alemán— Nicaragua continuará desde la Asamblea Nacional presentando ante el mundo una imagen de país corrupto, por mucho que la Presidencia de la República esté titularizada por una persona honrada y decente. Esa imagen continuaría actuando como pesado freno al desarrollo del país y a la posibilidad de crear empleos.

Si por el contrario, los diputados eligen al ingeniero Jaime Cuadra Somarriba, se le estaría dando a Nicaragua una maravillosa oportunidad, al poner al frente del primer poder del Estado a una persona de limpia trayectoria política y de sólidas credenciales liberales. Sólo así Nicaragua se podrá presentar ante el mundo con una cara limpia y renovada que reforzaría la confianza de los países amigos y de los inversionistas que deseen poner a trabajar su capital en Nicaragua. Es una oportunidad que no puede desperdiciarse.

Los 51 diputados liberales no pueden poner en duda el patriotismo, la capacidad de trabajo, y la lealtad del ingeniero Jaime Cuadra Somarriba hacia el PLC, partido del cual es cofundador. Todo lo contrario. Su don de gentes, su honorabilidad y su rectilínea trayectoria de lucha por el bienestar de Nicaragua serían una garantía para que la bancada liberal pueda realizar un trabajo armónico con el Poder Ejecutivo, que a partir de mañana presidirá don Enrique Bolaños.

Los diputados sandinistas, por su parte, saben muy bien que hoy deben decidirse por Jaime Cuadra o por Arnoldo Alemán en la persona de Oscar Moncada. Ya sea que la elección se haga por voto secreto o público, el pueblo sabrá, por el número de votos emitidos, por cuál de los dos candidatos votaron los diferentes partidos. Las circunstancias también le impiden a la bancada sandinista abstenerse de votar, ya que una abstención sería de hecho un voto a favor de Arnoldo Alemán.

Los señores diputados deben estar conscientes de que ésta es la hora de la Patria. Ellos deciden hoy el futuro de Nicaragua. Que Dios ilumine sus conciencias.  

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