La eterna búsqueda del elusivo consenso

Manuel Ayau CordónAIPE

CIUDAD DE GUATEMALA.— En lo único que solemos estar de acuerdo es en que nos debemos unir para llegar a un consenso, porque ya es hora de hacer algo.

Constantemente oímos y leemos cosas como éstas: “…llegó el momento en que los sectores de la sociedad nos sentemos a hacer una gran mesa redonda y se busque viabilidad política… es necesario y fundamental ponerse de acuerdo y trazar una agenda con puntos básicos en los cuales se tenga coincidencia… se debe buscar consenso para que en conjunto se pueda encauzar el rumbo del país para que exista mayor unidad en lugar de acrecentar la división… éste es un buen momento para que la sociedad civil se una y articule una sola propuesta… es importante terminar con esa cultura de polarización y enfrentamiento que sólo fomenta la división… es necesario unirnos”.

Pero para discutir en forma constructiva es conveniente que exista una propuesta concreta inicial que se adopta, se modifica o se rechaza para discutir otra. No se llegará a nada sentándonos a una mesa y comenzar en un vacío. Quienes quieren que nos unamos deberán pensar en cuál es ese factor que nos va a aglutinar, para ver si efectivamente aglutina, para que no resulte lo de siempre: cada quien recoge sus cinco y se va a su casa porque los demás tenían otra idea, y cada quien solamente llegó a ver qué sacaba, como han resultado las constituyentes en las que se negocian intereses y cada sector sale con su articulito.

El problema es otro: en una comunidad habrá personas de acuerdo en algunos propósitos específicos pero aún entre esas mismas personas habrá desacuerdos en otros objetivos. Lo que hay que encontrar es la forma de vivir en sociedad respetando la diversidad de iniciativas y opiniones que naturalmente se dan sin imposiciones. Intentar unificar opiniones en soluciones específicas es romanticismo inmaduro; prueba de ello es que siempre se ha fracasado en el intento de lograr consensos, salvo cuando se trata de principios generales y básicos.

Mientras más básicos y fundamentales los principios, más probable es establecer ese consenso. Me refiero a normas de conducta básicas de convivencia social, como no robar, no matar, sobre los cuales rápidamente se logra unanimidad porque son abstractos y no tienen nombre y apellido. Ya cuando se trata de cosas menos básicas, las decisiones se tendrán que adoptar por mayoría, pero si respetan las normas fundamentales previamente establecidas, en justicia todos tendremos que tolerar los efectos de los actos de los demás porque queremos que toleren los efectos de los nuestros.

Es debido a esa perspectiva de reciprocidad que las normas consensuadas van a ser razonables. Pretender lograr consensos más allá de principios generales es misión imposible, pero afortunadamente no es necesario, pues si nos ponemos de acuerdo en las normas de conducta generales que han de regir nuestras actividades, el resultado no podrá ser otro que el de lograr prosperidad, ya que no nos quedará otra opción que la de intentar enriquecer a todos los demás aunque sea por interés propio. ©

Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín.

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