Gerardo Mejía [email protected]
El lunes 3 de diciembre se conmemoró el Día Internacional de la Persona con Discapacidad. En Nicaragua, existen entre 500,000 y 900,000 personas, compatriotas nuestros, niños, niñas, ancianos, jóvenes, adultos, esposas, madres, padres, tíos, sobrinos, amigos, vecinos, conocidos y hasta personas desconocidas por nosotros, que se enfrentan día a día, minuto a minuto a una serie de dificultades y tropiezos que la sociedad en su conjunto les impone y que les hace muy difícil su subsistencia.
Entre las dificultades tenemos que reconocer la accesibilidad tanto física como la accesibilidad a la comunicación, esto quiere decir que, personas que usan sillas de rueda, muletas, órtesis o prótesis por accidentes, enfermedades, guerras, o por problemas congénitos o de otra índole, no pueden movilizarse libremente porque el sistema público de buses es inaccesible, porque los taxis no se detienen cuando ven la silla de ruedas porque eso implica pérdida de tiempo o simplemente les cobran el doble o el triple, además los problemas relacionados con la falta de aceras, objetos en la vía peatonal, las rotondas, la imprudencia y el exceso de velocidad de los que conducimos vehículos, los vehículos estacionados en las aceras, la basura, arena para alguna construcción que obstaculiza el acceso de las personas con limitaciones de movimiento o con problemas visuales.
Los problemas de la accesibilidad a la comunicación son notorios cuando una persona sorda, quisiera que los noticieros o programas de la televisión se tradujeran al lenguaje de señas, o cuando una persona con problemas visuales severos o ceguera que sabe usar lectura en Braille, desea pasar a un baño, “leer” alguna noticia, saber que dice la tarjeta de presentación que le dieron o recientemente cuando al querer elegir al gobernante de su elección en las recientes votaciones, tenía que hacerlo a través de una “persona de confianza”.
Los problemas de las personas con discapacidad intelectual se traducen en una serie de violaciones a sus derechos que como personas les competen, problemas de acceso a la educación, maltrato por parte de vecinos, compañeros en las escuelas y de la sociedad en general. Personas que son discriminadas solamente con verlas, sin darles las oportunidades que se merecen para demostrar sus capacidades, personas que son rechazadas o explotadas como empleados, personas que por ser diferentes no caben en una sociedad exclusiva y perfeccionista. Recientemente hemos extendido nuestro trabajo hacia las personas con discapacidades psiquiátricas, o sea aquellas personas a las que la sociedad llama “locos”, son personas a las que la sociedad y a veces hasta su misma familia los rechaza, cuando en ciertos casos ha sido esa misma familia el factor principal de su desequilibrio.
Podríamos seguir citando y citando situaciones adversas a las personas con discapacidad, pero lo que pretendemos más bien es lograr que la sociedad en general, cambie su trato, se adapte a las personas con discapacidad, que cambiemos ese enfoque de lástima por un enfoque basado en derechos humanos, que dejemos participar a las personas con discapacidad en todos y cada uno de los diferentes aspectos de la sociedad en igualdad de oportunidades, que hagamos realidad el sueño de una sociedad inclusiva a través de una verdadera democracia participativa, que construyamos “una sociedad basada en la equidad la justicia, la igualdad y la interdependencia, que asegure una mejor calidad de vida para todos, que reconozca y acepte la diversidad como fundamento para la convivencia social, una sociedad donde lo primero sea la condición de persona de todos sus integrantes”.
Pretendemos que la problemática de las personas con discapacidad y sus familias, no sólo sea recordada este día, sino que sea permanentemente. Recordemos que nadie está exento de tener una discapacidad o un familiar con discapacidad. En este día, iniciemos una reflexión sobre la siguiente pregunta: ¿Quién tiene la discapacidad? y, nos daremos cuenta que muchos de nosotros somos ciegos, sordos, no nos movilizamos o no razonamos adecuadamente ante una serie de situaciones que violan los derechos humanos de las personas con discapacidad.
El autor es presidente de la Asociación Nicaragüense para la Integración Comunitaria