En busca de la eficiencia

Pedro [email protected]

En un artículo reciente sugerí tres áreas de acción para acelerar el crecimiento económico: estabilidad macroeconómica, eficiencia en el gasto público y eliminación del sesgo antiexportador. Para crecer rápido necesitaremos reformas de segunda generación, más difíciles pero igualmente necesarias.

Joe Stiglitz ganó un Premio Nobel por llamarnos la atención a la importancia de la información. En Nicaragua necesitamos mejorar los flujos de información para elevar la eficiencia de la economía y por ende su competitividad. Solamente menciono dos ejemplos, el mercado de capitales y el turismo.

Toda economía capitalista necesita un mercado de capital eficiente. El nuestro es primitivo: se transan bonos pero no acciones. Para transar acciones necesitamos más y mejor información de las compañías interesadas en vender acciones. De otra manera nadie se atreverá a comprar una acción por no saber a qué se meten.

Hay muchos que piensan que el turismo es el futuro de Nicaragua. Tal vez lo sea. Pero es imprescindible generar más información. ¿Dónde se publica el horario de los buses que van a Rivas? ¿Cómo se le puede orientar a un extranjero que quiere ir a Ometepe? Existe muy poca información al respecto, casi nada por escrito y menos en lengua extranjera. El primer paso es ponerle nombre y número a las calles. Del arbolito una cuadra abajo no significa nada para un turista extranjero.

También es necesario reducir los costos de transacción. Más frustrante aún que buscar información, es lidiar con el gobierno. Los costos de casi cualquier transacción con el gobierno son astronómicos. Ni pagar los impuestos es fácil. Me ha llevado cinco viajes a la Policía y más o menos diez horas sacar placas para un auto. Multipliquemos eso por el número de placas que se otorgan en un año y veremos lo que un ejemplo sencillo de ineficiencia le cuesta al país. En Virginia esta transacción la hacía desde mi casa en cinco minutos. Nicaragua nunca será competitiva si los costos de transacción siguen altos.

El Poder Judicial también hay que reformarlo. Nicaragua es el país sin consecuencias. Las leyes no se observan, el sistema rara vez encuentra a los que las transgreden y cuando los encuentra no es capaz de castigarlos. Acaban de quebrar más o menos la mitad de los bancos. Resulta curioso que haya tan pocas acusaciones de mal manejo y de fraude. Centenares de personas deben haber estado involucradas en estas quiebras. Sin embargo, Panchito Mayorga es uno de los pocos que ha pagado los platos rotos. Si en los Estados Unidos hubieran quebrado la mitad de los bancos, la mitad de los banqueros estarían presos por fraude y la otra mitad estaría defendiéndose de millonarias demandas por mal manejo. Aquí no ha pasado nada. Necesitamos leyes modernas (el Código de Comercio data del Siglo XIX) y jueces eficientes que apliquen las leyes. De otra manera, el inversionista extranjero buscará países más ordenados donde tanto la propiedad privada como los contratos son sacrosantos.

Finalmente, necesitamos sembrar las semillas del desarrollo sostenido. Mientras nuestra fuerza laboral no termine primaria, no tendremos ni la más remota probabilidad de crecer rápido en un mundo que cada vez valora más el cerebro que el músculo. El peor obstáculo para mejorar la educación primaria es el famoso 6 por ciento de las universidades. Nicaragua gasta cada año alrededor de US$800 por estudiante universitario y US$50 por estudiante de primaria. Estas proporciones no tienen justificación social ni económica en un país donde alrededor de 800,000 niños no asisten a la escuela y donde el nivel promedio de escolaridad es de cuatro años y medio. Tarde o temprano necesitamos reformar este artículo constitucional.

El autor es economista.  

Editorial
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