El jefe del FSLN, don Daniel Ortega Saavedra, en una comparecencia en el Canal 2 de TV, el viernes pasado, censuró a LA PRENSA porque en el Editorial del jueves 29 de noviembre opinamos que su partido no es una alternativa democrática al gubernamental PLC, que la mayoría de los nicaragüenses no confían en el partido sandinista para que vuelva a gobernar, y que por lo tanto, con el FSLN no se puede practicar el principio democrático de la alternancia en el poder, como se hace, por ejemplo, en Honduras y Costa Rica.
Pero nuestra opinión editorial no es una lucubración antisandinista como cree el señor Ortega, sino la expresión de una realidad que ocurrió en las elecciones de 1996 y se repitió en las del 4 de noviembre recién pasado. En realidad, a pesar de que más de 900 mil ciudadanos votaron por los candidatos sandinistas, en primer lugar por el señor Ortega, la mayoría de la población volvió a rechazar al FSLN y eligió al PLC para que siga gobernando al país, a pesar de las múltiples arbitrariedades del presidente Alemán y de la escandalosa corrupción que éste ha institucionalizado. O sea que a pesar de Alemán y del mismo PLC, la mayoría de los nicaragüenses optó porque este partido siga gobernando por la esperanza que despertó don Enrique Bolaños de que gobernará con prudencia, eficiencia y honestidad; pero también porque el FSLN no es todavía una alternativa democrática y confiable.
El abogado y periodista Danilo Aguirre Solís —quien fue un conspicuo miembro del FSLN y uno de sus principales portavoces en la Asamblea Nacional—, dice en su libro “Historia, institucionalidad democrática y libertad de prensa en Nicaragua” (página 25), que cuando los sandinistas tomaron el poder en julio de 1979: “Necesidades tácticas habrían de forzarlos a llenar el Estatuto Fundamental de promesas y de amplio ejercicio de las libertades públicas y estricto respeto por los derechos y garantías individuales. La verdad, en el fondo (…) era considerar reaccionarias a las instituciones democráticas y que las libertades públicas o individuales tenían que ser administradas por el partido”.
Es evidente que esa mentalidad y convicción no democrática de la dirigencia del FSLN no ha cambiado, por lo menos en sus aspectos fundamentales. El partido sandinista no ha abjurado de su ideología hostil a la libertad, la democracia y la propiedad ajena, como el mismo señor Ortega lo demostró durante su mencionada comparecencia en el Canal 2 de TV, al expresar sus criterios sobre las propiedades confiscadas y usurpadas (incluyendo la que él mismo ocupa como residencia familiar), las instituciones democráticas, la prensa independiente, etc.
Por supuesto que algo ha evolucionado el FSLN a lo largo de los últimos diez años bajo la influencia de los cambios democráticos que han ocurrido en el país, y con seguridad que es positiva la incorporación a ese partido, en calidad de Convergencia Nacional, de varias personalidades con indudables antecedentes políticos democráticos. Pero eso no es suficiente como para convertirse en una alternativa verdaderamente democrática a la que se le pudiera confiar el gobierno, la libertad, la democracia, la propiedad, los recursos públicos y el destino mismo de la nación.
Ahora bien, el señor Ortega está completamente equivocado al creer, como dijo en su comparecencia en el canal de TV, que nosotros expresamos estas opiniones sobre su partido porque somos partidarios del gobierno y del PLC. Eso es un disparate. Lo mismo —pero al contrario— dicen los elementos recalcitrantes y enfermizos antisandinistas del PLC, de que LA PRENSA es “vocera” del FSLN. La verdad es que a nosotros nos tienen sin cuidado las banderas partidistas. Lo que nos interesa es el proceso democrático de Nicaragua, que queremos ver fortalecido mediante un sano ejercicio de alternancia de los partidos en el poder.
Es por eso que consideramos que sería muy positivo para Nicaragua que un partido como el FSLN, que logra obtener casi un millón de votos, se pudiera convertir en una alternativa democrática. Pero eso no depende de nosotros, sino de sus propios militantes, y ante todo de personas como el señor Ortega y demás “combatientes históricos” que lo siguen dominando.