Rectores magníficos y revoltosos

Eduardo Enríquezeduardo.enrí[email protected]

Qué rara estuvo esa toma de la UCA la semana pasada. No vimos barricadas, ni piedras, ni morteros, ni llantas quemadas, ni antimotines, ni conciertos en la Avenida Universitaria, ni tomas de calles y edificios públicos. Los muchachos simplemente cerraron los portones de la Universidad, empezaron a demandar lo que ellos consideran sus derechos y punto.

¿Qué hizo esta protesta diferente a las anteriores? A mí me parece que faltó el más beligerante de los elementos, la más revoltosa de las figuras: la del rector magnífico. Ese grupo de dignatarios de las altas casas de estudio que aglutinados en el Consejo Nacional de Universidades (CNU), se encargaban de darle verdadero “sabor” a las protestas estudiantiles, aportando fondos.

Claro. Esta vez no estaba en juego el 6 por ciento del presupuesto, ese “cachipil” de plata que año con año entra a las universidades para garantizar “el derecho” a la educación superior. Por eso ahora las autoridades de la universidad afectada actuaron sorprendidas por el nivel de violencia de la toma de la semana pasada. Sacaron un anuncio en que salía una ventana quebrada y unas cuantas piedras. Es curioso, jamás se asombraron por las calles destruidas, las llantas quemadas, las paredes pintadas y toda la violencia de la “lucha” por el 6 por ciento.

También fueron firmes. Un par de días de toma puso en peligro todo el cuatrimestre, además que no le iban a pagar a los docentes y trabajadores. Las semanas de protestas anteriores jamás pusieron en peligro nada de eso.

Se trata entonces de cómo les toca la bolsa a los rectores magníficos. Como antes les afectaba la bolsa, todo se valía, y como ahora se trata de defenderse la bolsa, nada se vale.

Eso pasa cuando se dispone de tanta plata regalada. Se da por creer que es un “derecho” que en realidad no existe. En verdad, los únicos que deben ser beneficiados con una beca para alcanzar la educación superior debe ser ese pequeño grupo de personas que reúne dos requisitos clave: ser excelentes estudiantes y no tener los recursos para costearse los gastos. Y eso no es ningún regalo, la lógica es simple, a la sociedad le conviene que esas mentes no se desperdicien sólo por haber nacido pobres.

Pero todos los demás, tienen que pagar. Muchos no son excelentes estudiantes y tampoco son millonarios, pero desean coronar una carrera; para ellos, el gobierno debe diseñar un programa que les permita tener acceso al crédito estudiantil que tendrían que pagar una vez que hayan salido de la universidad. De esa manera se crea un fondo revolvente.

Pero lo más importante, se crea el sentido de responsabilidad en el joven, que estará consciente que lo que le conviene es gestionar su préstamo, pagar sus clases y salir lo más pronto posible para trabajar y pagar, para que así su hijo disfrute del mismo beneficio.

Así se beneficia directamente al estudiante y no es necesario llenar año con año la bolsa de los magníficos rectores con plata regalada.  

Editorial
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