Diego Cevallos
En América Latina hay importantes avances en la atención médica contra el SIDA, que mucho tiene que ver con el descubrimiento de nuevos fármacos, especialmente los antirretrovirales que, al destruir o evitar la replicación del VIH, transformaron el SIDA en una enfermedad crónica.
Sin embargo, un número elevado de personas infectadas continúan todavía excluidas de los servicios de salud y marginadas socialmente.
Muchos contagiados son miembros de comunidades que por sus niveles de pobreza y baja escolaridad no demandan los tratamientos disponibles y, si los consiguen, los asumen sin mucha disciplina.
En países como Estados Unidos, donde la atención a los portadores de SIDA se considera de calidad, el gasto per cápita en salud es de 4,180 dólares. En cambio, en América Latina ese rubro es de 349 dólares promedio, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Pero hay avances. En Venezuela, donde el Tribunal Supremo de Justicia declaró en abril que todos los afectados por SIDA deben tener cobertura médica, incluida la entrega de antirretrovirales, se elevó de 2,000 a 10,000 personas atendidas entre fines de 2000 y este año. En ese país habría unos 62,000 portadores del virus.
En Brasil, 105,000 portadores reciben hoy atención gratuita del Estado y la cantidad aumenta entre 15,000 y 20,000 personas por año. No obstante, 500,000 más estarían contagiados y pocos lo saben.
Chile también registra avances. El Estado puede asegurar hoy terapia antirretroviral a 81 por ciento de las 3,212 personas con prescripción de tratamiento, casi el doble de años anteriores. En ese país se estima que hay 40,000 portadores del virus.
En México, el Estado atiende con antirretrovirales a cerca de 20,000 personas, 85 por ciento de los enfermos, según afirma Carlos Magis, director de investigación del Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/SIDA.
Los activistas creen que ese porcentaje es menor si se consideran los subregistros. Se calcula que existirían en total alrededor de 120,000 personas infectadas.
Además, hay en México 4,400 enfermos de SIDA que no tienen seguridad social. Su única alternativa para recibir antirretrovirales es lograr colarse a un programa especial del gobierno que, sin embargo, sólo tiene cupo para 2,000 personas.
En México, Brasil, Chile y Venezuela el apoyo del Estado es vital para los portadores del virus, pues a nivel privado el costo de los antirretrovirales significaría para un enfermo gastos mensuales de entre 700 y 1,000 dólares, cantidades impagables para la mayoría.
Aunque los gobiernos de la región aún tienen mucho por hacer, es claro que antes la situación era más difícil.
El cambio en materia de combate al SIDA en América Latina tiene que ver con el activismo de los enfermos, la movilización de organismos internacionales y las negociaciones de los gobiernos con las empresas farmacéuticas, que abarataron el costo de los tratamientos hasta en un 80 por ciento, como en el caso de Merck en México.
Sin embargo, para que un nuevo medicamento contra el SIDA, de los que se usan en los países desarrollados, llegue a México, transcurren generalmente seis meses, tiempo que puede significar la muerte de un portador.
Pero además, los expertos indican que a mejor atención a los enfermos de SIDA, menor será el costo para los gobiernos. Y si no, pregúntenle a Brasil. Allí, la entrega de cócteles de medicamentos a los portadores del virus entre 1995 y 1999 redujo a la mitad el índice de mortalidad por esa enfermedad. Sólo en la ciudad de Sao Paulo, que concentra 21 por ciento de los casos notificados en Brasil, la reducción fue de 54 por ciento.
Además, entre 1997 y 2000 bajaron 80 por ciento los internamientos hospitalarios relacionados con el SIDA y las llamadas enfermedades oportunistas que desata.
En conjunto, la mejora en la atención representó para el gobierno ahorros por 677 millones de dólares, afirman las autoridades.
Los gobiernos de América Latina reconocen el impacto en el ahorro, pero argumentan que los problemas económicos coyunturales limitan sus objetivos. No obstante, prometen que harán hasta lo imposible para ampliar la calidad y cantidad de la cobertura médica.
“La experiencia colectiva en el VIH/SIDA ha evolucionado hasta el punto que ahora es posible afirmar que es técnica, política y financieramente factible reducir radicalmente su propagación e impacto”, ha dicho, Koffi Annan, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas.
Hasta que esto suceda, brindar una atención integral y de calidad a todos los infectados con VIH/SIDA, como la que recibe el mexicano Estrada, seguirá siendo en la mayoría de países una meta aún por alcanzar.
El autor es periodista de International Press Service (IPS)