José A. Carrillo Zeledó[email protected]
Sobre este tema hay una serie de cosas que habrá que definir, no sólo en torno al FSLN, si no que esto va más allá.
En su historia el FSLN ha tenido que cumplir con estándar de calidad política, antes para ganarse el nombre de partido o movimiento revolucionario, tuvo que cumplir con estándar de calidad y cantidad con una cultura oriental-atea-marxista-leninista, dentro de un mundo bipolar, con una formación económico social comunista, liderada por la ex URSS-Cuba; y esto lo tuvo que hacer para poder decir con toda la boca “nosotros somos revolucionarios”, pues en aquel momento de la historia mundial éste era el silogismo que se solía manejar. Cuando el FSLN accede al poder político en Nicaragua, ya se estaban gestando tras los telones los acontecimientos que servirían de escenario político en las décadas de los 80-90, ya se estaban gestando los acontecimientos que terminan con la ex URSS y todo un sistema de vida, se dan profundos cambios políticos en los países comunistas de Europa, Asia y en los movimientos políticos de izquierda a nivel mundial; y el mundo que era blanco o negro, va tomando una enorme gama de matices, con una tendencia a difumarse el componente comunista y darle paso a la revolución cibernética que permite analizar mediante la teoría de los sistemas y mediante la secuencia de ceros y unos, la nueva era que se inaugura. Información, rápida, efectiva, etc., esto mueve el mundo. Esto significa, retomando las cosas, que el FSLN triunfante entra al poder en un período histórico de la humanidad y particularmente de América Latina que es de transición, donde el tiempo es vital, para enchufarse en el cambio, y que dada las razones ampliamente conocidas, no fue aprovechado por la dirigencia del FSLN sea por falta de una visión política o por tozudez política. La democratización, pasa por aceptar que vivimos en un mundo global y que nuestra conducta partidaria no será únicamente para cumplir con los estándares, sino para cumplir los estándares que nosotros mismos nos exigimos y exigimos que se nos respete.
La democratización del FSLN pasa primero por comprender y aceptar que el cambio es necesario y que este cambio de ninguna manera nos exige cambiar nuestros planes estratégicos, sino que por el contrario los facilita.
Nicaragua necesita de un liberalismo que cumpla con los estándares de calidad iguales que los que se le exige al FSLN, porque o los asume voluntariamente como un partido inteligente o desaparece también de la palestra política de Nicaragua. Se tiene que pensar en un liberalismo moderno globalizado, que esté acorde con un FSLN modernizado. La clase política tendrá que cumplir no sólo con los estándares internacionales, sino con los nacionales emergentes, tanto en calidad como en preparación.
Nos daremos cuenta de la importancia de la paz, la salud, la educación, los cargos públicos, existirá entonces no sólo una moral política, sino una ética política, y una praxis política.
El autor es especialista en Medicina Interna.