Mark Malloch Brown
Hoy 1 de diciembre es el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, la cual se ha convertido ya en la epidemia mundial más devastadora de la historia moderna, al ocasionar la muerte de más de 20 millones de personas, incluidos tres millones en el presente año, y la infección de otros 40 millones en la actualidad. Las pérdidas de vida y los retrocesos provocados en el desarrollo alcanzan dimensiones casi inimaginables. Si no se detiene la enfermedad, pronto seremos testigos de niveles de infección que alcanzarán cientos de millones de personas, un número sin precedentes de huérfanos y el hundimiento total de las economías a medida que la pérdida de los adultos en edad productiva haga que las sociedades queden compuestas fundamentalmente por los más jóvenes o los de edad más avanzada.
Por ese motivo, éste debe ser el año en que el mundo se concentre definitivamente en tres objetivos esenciales, a saber, prevenir nuevas infecciones y reducir la propagación de la epidemia, ampliar el acceso equitativo a los nuevos tratamientos del VIH y mitigar los efectos catastróficos del Sida en el desarrollo humano.
Nuestro éxito dependerá de nuestra capacidad para movilizar a todos los elementos de la sociedad, desde las organizaciones internacionales hasta los dirigentes políticos, desde las empresas hasta las fundaciones y los grupos de la sociedad civil, a fin de encarar juntos el problema. La Asamblea General de las Naciones Unidas proporcionó el marco para lograrlo, con una Declaración que constituye un claro mandato para la acción.
El PNUD está centrando su trabajo en las esferas en las que puede hacer mejor uso de sus ventajas comparativas como principal organismo de desarrollo de las Naciones Unidas y como un colaborador y asesor que cuenta con la confianza de los países en desarrollo de todo el mundo. En particular, ello significa concentrarse en el desafío de movilizar a las instituciones y demás agentes de todos los sectores de la sociedad, formular sólidos planes nacionales coordinados a los más altos niveles y en los que participen todos los sectores del gobierno, aprovechar iniciativas como nuestros Informes Nacionales sobre Desarrollo Humano para mejorar las actividades de análisis y promoción, y trabajar por la integración de la cuestión del VIH/Sida en estrategias nacionales más amplias.
También estamos ayudando a crear capacidades a fin de que las estrategias nacionales lleguen al nivel comunitario y facilitar su aplicación en los lugares en que pueden tener mayores efectos, al mismo tiempo que prestamos asistencia a los gobiernos en la obtención de los recursos necesarios para hacer frente al problema. Se calcula que para dar una respuesta mundial adecuada al problema del VIH/Sida en los países en desarrollo se necesitarán entre 7,000 y 10,000 millones de dólares anuales. Eso puede parecer una enorme cantidad de dinero, pero incluso, ese monto sólo permitiría proporcionar los instrumentos necesarios para dar una respuesta limitada a los problemas directos de la prevención y el tratamiento.
Se calcula que al menos 3,000 funcionarios de las Naciones Unidas y sus familiares a cargo viven actualmente con el VIH/Sida, y en nuestras oficinas en los países más gravemente afectados, las visitas en hospitales y los funerales de miembros del personal se han convertido en un parte trágica de la vida cotidiana. Como jefe del PNUD, me he empeñado actualmente en velar porque todos los miembros ordinarios de contratación internacional y nacional tengan acceso al nuevo tratamiento antirretrovírico, sea cual sea su lugar de destino. Ese tratamiento es asumido en su totalidad por nuestros planes de seguro médico, y gracias a su rápida difusión en el mundo, a ningún miembro del personal se le negará el acceso a estos tratamientos que prolongan la vida. Exhorto ahora a otros empleadores internacionales, como las grandes empresas, a que hagan lo mismo respecto a su personal en los países afectados por el Sida.
Creo que hay motivos reales para tener esperanzas en medio de la angustia. Inspirémonos en los que tanto han logrado ya y usemos nuestros recursos, nuestro ingenio y nuestra comprensión. Si ayudamos a que todos los sectores de la sociedad y todas las comunidades se incorporen a la lucha, podremos cambiar el curso de las cosas.
El autor es Administrador General del PNUD