Isidro Urtecho Marí[email protected]
Tiene razón el Dr. Humberto Belli P. en su artículo escrito en las páginas de Opinión del primero de noviembre/01, en donde señala la indiferencia de los políticos sobre el caso de la Sra. Zoilamérica. Yo me atrevería a reclamarle a los conocidos Padres de la Patria, que tengo entendido que son padres de familia: ¿Dónde está el honor, la decencia y la seriedad del primer Poder del Estado? ¿Dónde están esos hombres, que gritan y vociferan acusándose unos a otros de corruptos, si todos son iguales, todos están sumisos y sometidos a la voluntad de los que han creído que Nicaragua tiene nombre y apellido?
¿Dónde está la voz de los parlamentarios brillantes como los señores Arce, Castro, Gutiérrez, Vidaurre, Navarro, Pereira, y otros que no recuerdo? ¿Por qué este silencio? ¿Por qué tiene que ser inmune una acusación a tan cruel acto de violación? ¿Por qué tienen que ser inmunes los que han abusado del erario, que han provocado quiebras de bancos nunca antes vistas en la historia de Nicaragua?
Creo que cuando se elige un diputado debe gozar de excelentes cualidades, calidad de servicio y virtudes morales, que se concretarían en servirle a la patria y no servirse de ella. ¡Qué situación la que vivimos! ¿Qué moral tienen para acusar y juzgar a los Somoza? ¿Qué es peor, asesinar a líderes idealistas como Sandino y Chamorro, y por qué no decir los Somoza, que violar una niña inocente? Un balazo acaba con una vida, un acto de violación marca y frustra toda una vida. Es algo inconcebible cómo se ha perdido el Estado de Derecho en nuestro país. ¿Qué razones existieron para llevar esta acusación a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos? ¿Será que en nuestra nación estamos tan indefensos? ¿Es que no hay leyes que le den protección a quienes las reclaman?
Hace unos meses, en compañía de mi hermano fui a una sala de cine a ver la película titulada “La hija del general”, el tema trataba de una mujer que ostentaba el grado militar de capitán del Ejército de Estados Unidos, quien fue violada por varios militares en los campos de batalla. Su padre, siendo general, la obligó a callar para cuidar el honor y el prestigio de la Escuela Militar Westpoint y del Ejército de los Estados Unidos. Como consecuencia de este silencio, esta mujer llegó a grados extremos de pasiones y morbosidades desenfrenadas, su final fue la muerte, asesinada por uno de sus violadores. Ese fue el costo de su silencio, al que la obligó su padre, el general, que años después fue dado de baja.
Esta película fue documentada en la vida real de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.
Le pregunto al ciudadano presidente Alemán, ¿por qué no enviar un proyecto donde se elimine la inmunidad para juzgar y condenar a los delincuentes del cuello limpio? Yo me hago esta pregunta: ¿Si yo soy acusado por violador o ladrón y soy inocente, lógicamente renuncio a mi inmunidad? Se habla que hay muchos diputados y otros funcionarios que no pagan sus cuentas, otros abusan de los fondos del Estado. Robarle al Estado es un crimen, es matar a la nación que está en miseria.
Y, finalmente, me pregunto ¿en qué oficina judicial se encuentra esta acusación o en qué lugar de la honorable Asamblea? ¿Dónde está el honor y la dignidad de esta respetable dama que reclama justicia? ¿Está en los archivos o fue negociada en el famoso pacto? Cuesta creer esto último. He oído decir que el Dr. Alemán es un excelente papá.
El autor es escritor