Una nueva clase política

Allan Manuel Vega [email protected]

El recién electo presidente Bolaños tiene el reto de demostrarnos, en el transcurso de los próximos cinco años, su capacidad de orientar, con su ejemplo e imagen patriarcal, la creación de una nueva clase política en Nicaragua.

A lo largo de la historia de Nicaragua se ha venido demostrando que nuestra decadencia y debilitamiento como nación se debe a la mediocridad vergonzosa de la clase política de turno. Estos politicastros han creído que hacer política significa comportarse como una piraña en una laguna de componendas, hipocresías y negociaciones a una, dos y tres bandas inclusive; piensan que hacer política es ver de qué forma se introducen y asientan en algún arrecife del océano del poder con el único objetivo de acrecentar sus intereses mezquinos, individualistas y de partido ignorando los de las grandes masas sociales que los eligen y que ceden ante las infladas retóricas de cambios esperanzadores y milagrosos.

El ingeniero Bolaños, debe de saber por profesionalismo, inteligencia y experiencia longeva que su misión es crear el futuro con una visión basada en sus capacidades naturales y adquiridas y que el pueblo las ha notado el día que ejerció su derecho al voto.

El pueblo percibió la idoneidad de don Enrique para ser su Presidente. Tiene una sólida formación intelectual que le ha permitido entender: el qué, por qué, cómo, cuándo y esperemos que sepa él quién ha de desarrollar tal o cual tarea. Esta idoneidad la demuestra con su fuerte desarrollo empresarial que los nicas queremos ver traducido a una especie de gerencia nacional.

Nicaragua ha visto a su Presidente como un viejito voluntarioso y eso es precisamente lo que este país necesita, que lo maneje alguien con un alto grado de motivación, convicción, decisión y carácter dispuesto a cumplir de verdad con sus obligaciones mandatadas por el pueblo, que a su vez también sintió que “don churri” es un inspirador de confianza y fe.

Esperemos que también tenga la intuición necesaria para hacerse rodear de buenos colaboradores y para saber identificar al “tomate podrido”; los haraganes, figuradores, negativos, desmoralizadores, ladrones, que son los que ensucian el buen nombre de la política que, como dijera Aristóteles “es la más grande de las virtudes porque es el arte de todo lo posible” y don Enrique es el encargado de esculpir la nueva clase política de nuestra patria. ¡Buena suerte!

El autor es abogado y notario público  

Editorial
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