Donald Chamorro C.
Cuando hablamos de cultura en nuestra Nicaragua debemos preguntarnos irremediablemente: ¿Qué hacer en esta casa que gotea por todas partes? ¿Por dónde empezar?
El Estado debe de asumir la responsabilidad en primer lugar, pero también tienen competencia los organismos internacionales y la sociedad civil quienes deben jugar su rol. Algo importante es la creación de fondos para el desarrollo artístico y que los gobernantes comprendan que “el crecimiento de los países no puede evaluarse sólo por índices económicos y que el desarrollo cultural necesita una política pública y no puede ser dejado como tarea marginal de élites refinadas o librada a la iniciativa empresarial” (Ileana González).
El Estado es el primer responsable de la política cultural y su implementación; una que dignifique al arte y potencie al ser humano, en fin, una política cultural que tenga como fundamento el consenso, la participación (no sólo de los “intelectuales de siempre” que desde hace 20 años deciden sobre los asuntos de todas las manifestaciones artísticas) y finalmente la equidad.
Estos deben traducirse en acciones concretas y en un compromiso serio, porque, una parte importante del capital social (no sólo de un partido político sino de una nación), es la confianza. Esta se alcanza mediante mensajes claros y compromisos serios. Si no hay confianza o existe la percepción que es básicamente lo mismo esté quien esté, si sólo pensamos como tecnócratas, si no nos comprometemos, si alguien decide que es lo mismo aportar que sentarse en su casa, que Chana y Juana es lo mismo, ¿cómo salimos de esta suerte de círculo vicioso?.
Por esto en la cultura y las expresiones artísticas el próximo gobierno debe dimensionar con justicia sus políticas hacia el sector y los candidatos de hoy deben saber que los artistas entendemos que con nosotros aún están pendientes (desde hace 10 años) de hacer algo.
¿Qué vamos a hacer los artistas y qué van a hacer los políticos, los gobernantes, ustedes?
En esta situación tan dramática a la que han llevado al arte y los artistas ¿nos quedará solamente resignarnos a una especie de darwinismo neoliberal de sálvese el que pueda? ¿Seguirán los mismos “próceres intelectuales” que gobiernan algunas asociaciones decidiendo por todos y en nombre de todos? ¿Tendremos que seguir padeciendo la ausencia de inversión estatal, la poca voluntad política para invertir en cultura? Y en consecuencia, los artistas y medios artísticos ¿Continuaremos huérfanos de políticas de desarrollo y modernidad?
La cultura es un sector productivo estratégico, es claro que enfrentamos un medio global difícil y una situación interna que lo es aún más, por eso, necesitamos aunar esfuerzos, generar una actitud y una energía positivas.
A las “personalidades” que recurrentemente les escuchamos decir que para la cultura no hay y no podrá haber mayor presupuesto y apoyo (que no hay reales), les quiero citar que “el Banco Mundial ha debido reconocer desde 1997… entre otras cosas: que su estrategia frente a la crisis era cortoplacista, que estaba ideológicamente sesgada pues sobreestimaba el mercado y subestimaba el papel del Estado, además de ser economicista, ignorando la cuestión cultural y subestimando el factor político; en suma, que no es viable una política desentendida de la equidad y del desarrollo de capacidades humanas…” (¿Hacia un paradigma del nuevo desarrollo?… El desarrollo humano sostenible frente a la globalización, PNUD/MIDEPLAN, 1998. pp.89-105).
En otras palabras tenemos que superar la visión puramente económica del desarrollo, dándole su lugar a esa importantísima parte de la “cultura viva” que se llama arte.
Por eso, cuando muchos artistas hemos escuchado en este tiempo de elecciones hablar de autenticidad, de coherencia, de la dimensión sagrada de la vida, cuando hemos escuchado hablar de amor creemos y esperamos que se trate de un amor de servicio, económicamente productivo, que sea ilustrado en términos científicos y que tecnológicamente sea eficaz. En Nicaragua y especialmente en el sector artístico necesitamos de un amor creador de posibilidades, de tenacidad, audacia y máxima eficacia.
El autor es músico