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El presidente de la República, Arnoldo Alemán, parece que últimamente no está en sus cabales. Da la impresión de tener “delirios de persecución” y por eso ha desatado una ola de ridículos al extremo de mentirle a su homólogo salvadoreño Francisco Flores, de que en Nicaragua los sandinistas pretendían desestabilizar el país.
Es increíble que el presidente Alemán, quien recientemente compareció ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), donde habló sobre la declaración de Centroamérica Unida Contra el Terrorismo, esté tratando de alterar los ánimos del país con afirmaciones delicadas que sus mismos ministros se han encargado de desmentir. Esto es muy peligroso viniendo de un Jefe de Estado. Es un abuso de poder emplear los medios a su disposición para montar una especie de terrorismo sicológico. Alemán parece estar afinando sus cualidades de especialista en desviar la atención de los problemas por los cuales debe responder.
Los medios de comunicación y la sociedad civil no deben dejar pasar el tema de la “Ley Alemán” y pedir cuentas sobre los checazos. Son dos puntos que el presidente quiere sacudirse en las postrimerías de su gobierno y para ello ha recurrido a una serie de ridículos, entre ellos, la supuesta inestabilidad a que será sometido el país y que se pretende atentar contra la vida de don Enrique Bolaños. A esta irresponsabilidad ha contribuido también el presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), doctor Roberto Rivas Reyes, que sigue quedando mal parado ante la sociedad nicaragüense y la comunidad internacional en Nicaragua que valoran con seriedad las cosas que ocurren en el país. Nicaragua parece un país de relatos novelescos cuyos personajes políticos hacen los peores papeles.
Alemán de una u otra forma está afectando la imagen del país y asustando a inversionistas. Esto no es positivo para el gobierno de don Enrique Bolaños, quien ni siquiera ha tomado el mando de la nación y ya su “correligionario” le está cuarteando el piso. La actitud de Alemán da la impresión de querer crear un ambiente de tensión para erigirse en el “salvador” y demostrar que él sigue siendo “el hombre fuerte”. Ésa es una actitud enfermiza.
Quienes seguramente están gozando con este show del presidente Alemán son los mismos sandinistas, expertos en “chamarrear” y diseñar estrategias para hacer caer en errores a sus adversarios. Es ahí donde debe prevalecer la sensatez, la seriedad y la madurez política de un Jefe de Estado. Se ve que no funcionan los asesores presidenciales y que la política de comunicación institucional del gobierno es un fracaso.
A Daniel Ortega y sus seguidores no les conviene desestabilizar el país y sería torpe de su parte hacerlo, luego de aceptar su derrota electoral. Los sandinistas están claros que no perdieron el 4 de noviembre, sino el 11 de septiembre cuando los terroristas hicieron cenizas las Torres Gemelas de Nueva York. Por eso, presidente Alemán, estudie mejor sus últimas acciones con sus asesores para salir con menos trastadas.