Las elecciones del recién pasado 4 de noviembre determinaron que el FSLN siga siendo la segunda fuerza política de Nicaragua. Sus sueños de convertirse en la primera fuerza se desplomaron el domingo pasado al sufrir una tercera derrota electoral consecutiva. Cabe entonces preguntar: ¿Cuál es el futuro de ese partido? ¿Se fraccionará? ¿Está condenado a permanecer indefinidamente en un segundo lugar, o tiene posibilidades de recuperarse como para llegar a ser una alternativa con posibilidades de triunfo en las elecciones del 2006? Son muchas las preguntas que pueden hacerse al respecto, pero por de pronto, la lógica política sugiere que después de tres reveses —y con el mismo candidato para Presidente— lo menos que puede hacer ese partido es examinar a profundidad su situación.
Lo primero que de seguro tomará en consideración el FSLN al analizar su situación presente y su posible futuro, es el rol del señor Daniel Ortega Saavedra, secretario general del partido. Como es sabido, Ortega ha sido por muchos años el líder indiscutible de esa agrupación política, a la cual ha logrado mantener unida y cohesionada mediante el ejercicio de un poder carismático y centralizado que ha sofocado despiadadamente cualquier intento de cuestionamiento a su autoridad y liderazgo.
El primer cuestionamiento a la autoridad de Ortega se dio a mediados de los años noventa, cuando un grupo de sandinistas liderado por Sergio Ramírez Mercado y Dora María Téllez, llegó incluso a separarse del FSLN para fundar el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), partido que participó en las elecciones de 1996, pero sin lograr quitarle más del uno por ciento de electores al FSLN. (En las últimas elecciones, el MRS se unió al FSLN, pero sin el apoyo de Sergio Ramírez y de otros disidentes sandinistas que lo integraron en sus orígenes).
El segundo reto al liderazgo de Ortega se dio el año pasado, con la participación de un grupo de destacados parlamentarios rojinegros, entre los que figuraban Mónica Baltodano, José González y Víctor Hugo Tinoco. Sin embargo, la maquinaria orteguista dentro del partido aplastó el intento de rebelión hasta el punto de no permitir que esas personas fueran propuestas nuevamente como candidatos a diputados ante la Asamblea Nacional.
Pero Daniel Ortega ha sido derrotado una vez más, y el FSLN sabe que está obligado a hacer algún cambio si quiere sobrevivir como partido con posibilidades de alcanzar la Presidencia de la República. Algunos incluso parecen ser de la opinión que el FSLN debería desaparecer como partido y recomponerse dentro de una nueva organización política. Como se sabe, en las elecciones recién pasadas el FSLN atrajo hacia sí a unos cuantos aliados políticos, y aunque no formó una alianza de derecho con ellos ni les ofreció participación alguna en la Asamblea Nacional, eso le permitió al FSLN presentarse ante el público como una fuerza política amplia a la que llamaron “convergencia nacional”.
La llamada “convergencia nacional”, le sirvió como mampara al FSLN en la pasada contienda electoral, permitiéndole, mediante el ocultamiento de los tradicionales y oficiales colores rojo y negro del partido sandinista, hacer creer al electorado que se trataba de una nueva fuerza política. No obstante, todos los que se acercaron al FSLN para conformar la “convergencia” no contribuyeron a elevar el voto histórico de ese partido más allá de un tres o cuatro por ciento.
Al comentar sobre Daniel Ortega, el Dr. Alejandro Martínez Cuenca —que intentó ser candidato a la Presidencia por el FSLN— dijo recientemente que el futuro político del líder rojinegro está en función de la fuerza con la que asuma la apertura del partido. Martínez Cuenca no afirmó que el Frente Sandinista no debe desaparecer como partido, y dio a entender que se requiere una profunda renovación del liderazgo. La pregunta es que si Ortega permitirá esa renovación y que si el FSLN podría sobrevivir, sin fraccionarse, a la separación de su hasta ahora máximo líder. Por si eso fuera poco, hay que hacer notar que el FSLN padece también de una crisis de identidad que tendrá que ser resuelta en las discusiones sobre su futuro que, de seguro, ya se han iniciado dentro de sus filas.