Sergio [email protected]
Cada campaña electoral del FSLN sorprende: desde la inolvidable imitación de “Chayanne” y el “Ganamos y adelante” en 1990, pasando por la versión criolla de “El Santo” y “El gobierno de todos” en 1996, hasta el novísimo “Moisés” y “La Tierra Prometida”. Sin duda se esmeran y son ingeniosos en sus campañas, siempre cobijadas bajo estrategias coherentes y enfocadas, aunque inevitablemente limitadas considerando las circunstancias propias del sandinismo y su pasado. Pero no se puede negar el esfuerzo, así como tampoco algunos resultados: a fin de cuentas han reagrupado y motivado a su partido, han “gobernado desde abajo” (1990-1996), y co-gobernado mediante un pacto cupulero (1996-2001), liderando momentáneamente encuestas de preferencia electoral. Objetivamente el FSLN ha tenido un éxito importante, y mayor del que ellos mismos alguna vez pensaron. Esto quizás explica el empecinamiento de Ortega en arriesgarlo todo por lograr la Presidencia de la República en un tercer intento consecutivo.
¿Hacia “La Tierra Prometida”? Este concepto tiene puntos de partida interesantes: ciertamente de alguna manera todos deseamos llegar a nuestra particular tierra prometida, lo que sea que signifique para cada quien. Sabemos que la mayoría de nicaragüenses viven atrapados en su Egipto personal y en una situación general que parece estar fuera de control: desempleo, una economía que colapsa, corrupción e impunidad entronizadas, y percibiendo un gobierno que no ha sido capaz de interpretar a tiempo las señales evidentes para todos…
Sin embargo la promesa de “La Tierra Prometida” alberga graves debilidades: la más importante es que sencillamente Daniel Ortega no es Moisés, sino que por once largos años ha sido el más terrible faraón nicaragüense, y eso no se olvida. Además Moisés cumplía la voluntad de Dios y fue evidente que Él le respaldaba con prodigios, pero de Ortega no podemos decir lo mismo. Como he comentado en otras ocasiones, ningún esfuerzo de comunicación tendrá efectos duraderos si no va acompañado del incuestionable soporte de la verdad. Y una verdad que debe ser comprobable, capaz de resistir el análisis más sencillo y exigente, que en este caso es la memoria colectiva. Esta memoria colectiva es la que precisamente ha hecho que el FSLN no haya alcanzado aún el poder total. Porque existe una historia nacional reciente cuyas heridas permanecen abiertas y cuyos causantes, lejos de evidenciar oportunamente un sincero arrepentimiento y renovación interna, proponen un peculiar cambio de identidad en ocasiones electoreras, lo que no luce genuino ni natural. Esto es suficiente para bloquear las mejores estrategias de imagen. Después de todo nuestras conciencias no han muerto.
La tragedia del FSLN permanece y su pasado es su mayor adversario. Es por eso que a pesar de sus campañas, sus esfuerzos no serán suficientes. Su opción de renovarse (algo que tras bastidores y en silencio se gesta) implica una saludable revisión ideológica y relevo generacional que alcanzarán su oportunidad hasta que Ortega sea nuevamente derrotado. Esto lo saben y aguardan pacientemente los cuadros sandinistas progresistas.
Mientras tanto “La Tierra Prometida” tiene el cielo de vidrio. Esto ha hecho la diferencia antes, y esta vez no será diferente. Una ligera pedrada del vocero del Departamento de Estado norteamericano parece hacer estragos. La verdad es incontenible.
El autor es periodista