Estas elecciones; ¿otras más?

Julio Cardoze

Nuestra política, democracia y gobernabilidad, están enfermas, hace rato las tenemos en “cuidados intensivos”, sobreviven con donaciones. Se pronostica desenlace fatal, aunque existe posibilidad de un milagro. En noviembre se sabrá que ocurrirá.

Pero no importa si hay milagro o no, la pregunta siempre será ¿y después de las elecciones qué? Porque el cuerpo estatal quedara tan débil, después de la vapuleada que le han dado los “democraticidas” Arnoldo y Daniel Ortega, que necesitará de cuidados muy especiales por largo tiempo, para recuperarse.

Tenemos un concepto deformado de los elementos que constituyen el Estado, y una vivencia absurda y ficticia de su juricidad, aceptando como ciertos, fundamentos defraudados que nos han impuesto, quienes han codificado para beneficio de sus pandillas, y que el resto creemos legítimos porque son publicados en La Gaceta.

Recientemente asistí a la conferencia en Miami de Gilberto Perezalonso, el nicaragüense que ha alcanzado el puesto ejecutivo más alto en la empresa de México, la economía mundial número diez. Fue corta y sencilla, pero todos escuchamos con atención su explicación con gráficas y estadísticas, de los beneficios del Tratado de Libre Comercio México-USA, y como a causa del mismo, países como Costa Rica a su vez, han multiplicado sus exportaciones y creado puestos de trabajo, y como Nicaragua si quisiera, pudiera también beneficiarse.

Pero también explicó el secreto de México para lograr el éxito obtenido con el TLC, que consistió primero en una toma de conciencia y voluntad de cambio responsable por las clases políticas y la sociedad civil, y como resultado de eso, una reforma integral del Estado, en lo legislativo, en lo judicial, en los procedimientos de la administración pública y en el sistema electoral, para crear credibilidad interna y confianza entre los inversionistas, voluntad que en mi opinión, no existe en la Nicaragua actual.

El tiempo no se detiene, y cuando su dinámica no coincide con los ideales, se produce un distanciamiento fatal entre los instrumentos para alcanzarlos, que debe remediarse, o se perece. Ese distanciamiento es más que obvio en el estancamiento adonde llevaron a Nicaragua, Ortega y Alemán, donde cada sector se ocupa solamente de sus intereses, y en la clase política hay más lealtad a los partidos o a caudillos, que a la patria y la nación.

Para que Nicaragua salga de su postración, causada por el clientelismo, el manoseo de la Constitución y de Instituciones fundamentales como la Corte Suprema de Justicia y el sistema jurídico civil, penal y de administración pública, de parte de los políticos, y para dinamizar su economía, necesita una reforma que no se conseguirá con improvisadas promesas partidistas electorales.

La reforma debe ser producto del análisis, honesto, no sectorizado, ni partidista, de áreas prioritarias, tomando como ejemplo México y Costa Rica, y empezar de una vez por todas, una relación diferente entre el Estado y la sociedad civil, porque actualmente no son partes del mismo cuerpo, sino enemigos confrontados.

De lo contrario, estos comicios serán solamente eso, otras elecciones más.

El autor es jurista, ex Ministro del Trabajo  

Editorial
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