“La regla de la ley” y el candidato

Xavier Zavala Cuadra

En español generalmente se dice “estado de derecho”. En inglés lo acostumbrado es “the rule of law” (la regla de la ley). Ambas expresiones se refieren a una misma cosa. ¿Cuál es esa cosa y cuál es su importancia?

Los hombres han tenido leyes desde hace mucho tiempo, pero el “estado de derecho” o “la regla de la ley” ha sido más bien excepción. La cosa o concepto que nos interesa apareció por primera vez en la antigua Grecia cuando se describe la obra de Solón en Atenas: “leyes iguales para los altos y los bajos” y “la certeza de ser gobernados legalmente y de acuerdo con normas preestablecidas”. Aquellos griegos inventaron la palabra isonomía (isos: igual; nomos: ley) y la contrastaban con el gobierno arbitrario de los tiranos. El concepto de isonomía incluso fue anterior al de democracia porque del concepto de igualdad ante la ley los griegos llegaron al concepto de igualdad en el gobierno. Entrados a la época de su democracia, los atenienses siguieron usando la palabra isonomía tratándola como sinónimo de democracia; pero fue al principio solamente, porque después aprovecharon su buen sonido para disfrazar lo contrario, para enmascarar las arbitrariedades y barbaries que cometía el pueblo mal guiado por los que lo manipulaban, arbitrariedades y barbaries que llevaron al colapso de la antigua gloria griega. Se entiende así por qué Aristóteles, bastantes años más tarde, condenara la clase de gobierno donde “impera el pueblo y no la ley”.

La frase de Aristóteles nos hace ver diáfanamente lo opuesto al estado de derecho: el imperio del gobernante, el “yo mando” del gobernante, sea quien sea el gobernante, sea pueblo o sea rey, sea presidente o sea gobierno de unidad nacional. Cualquier mezcla humana en el gobierno es tiranía si no procede sometida a “la regla de la ley”. Los nicaragüenses la hemos padecido disfrazada siempre bajo bien sonantes nombres como unidad nacional y cosas por el estilo. Atractivos nombres disfrazaron pactos y podrían disfrazar intentos de ampliación de pactos para dar cabida a quienes habían quedado excluidos. Los nicaragüenses seguiremos padeciendo estas tiranías mientras no pensemos mejor las cosas y examinemos con más cuidado lo que puede ocultarse bajo sonoras expresiones.

¿Queremos ser libres? Serlo está en juego, porque la práctica de la libertad es posible sólo bajo “la regla de la ley”. John Locke: “…la libertad presupone el poder actuar sin someterse a limitaciones y violencias que provienen de otros; y nadie puede eludirlas donde se carece de leyes”. Friedrich Hayek: “Dentro del territorio en que vivo, necesito saber que cualquier persona desconocida que encuentre está sujeta a ciertas reglas que yo también conozco… Una sociedad abierta en la que puedo tratar con cualquier persona que encuentre presupone ciertas reglas básicas a las que está sometido cada uno”. ¿Queremos que el país crezca económicamente? También eso está en juego porque las leyes -cuando son buenas, estables y respetadas por todos- son los límites conocidos y seguros dentro de los cuales los ciudadanos se encuentran para intercambiar bienes y servicios; ese intercambio dentro de límites conocidos y seguros es la tierra apta para que germine el ingenio humano principal fuente del crecimiento económico.

Como individuos podemos sobrevivir un rato sin agua y sin alimentos, pero no sin oxígeno. El imperio de la ley es para la sociedad lo que el oxígeno es para el individuo. Esencial. Otras cosas podrán ser muy importantes pero saber vivir bajo “la regla de la ley” es el comienzo de todo lo demás.

Pronto vamos a escoger un nuevo presidente. ¿Qué virtudes debemos buscar en los candidatos? La primera, sin duda, es la de ser capaz de someterse al imperio de la ley y ser ejemplo en el esfuerzo de someternos todos al imperio de la ley. ¿Daniel Ortega? De una larga lista de ejemplos en los que se ha puesto por encima de la ley, sólo voy a tomar uno y conocido: no ha hecho su declaración de probidad. Obviamente considera que esa ley no es para él. Sus seguidores podrán verle otras virtudes pero ciertamente no pueden encontrar en él el hábito de someterse al imperio de la ley.

Entonces, si nuestro ideal es tener un estado de derecho en Nicaragua, para estas elecciones sólo hay un candidato. Voy a votar por Enrique Bolaños porque creo que es capaz de ponerse bajo la ley —lo ha hecho en el pasado— y también porque lo creo capaz y dispuesto a luchar por establecer un estado de derecho en el país. Veo otras virtudes y capacidades en Enrique Bolaños, pero ésta es la decisiva.

(Entre paréntesis. ¿Por qué manifiesto por quién voy a votar cuando dicen que el voto es secreto? El voto es secreto solamente en un sentido: cuando por a, b o c tengo miedo o me da vergüenza decir por quién voto, la ley me ampara en mantenerlo secreto).

Voy a votar por Enrique Bolaños a pesar de que se quedó demasiado tiempo como vicepresidente del gobierno que termina. No sólo no lo entendí sino que juzgo que fue un error. Si estoy en lo correcto, se confirma la vieja sabiduría de que Dios escribe recto con líneas torcidas.

El autor es escritor nicaragüense  

Editorial
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