José Antonio Poveda Salvatierra
La vigencia de los derechos políticos es una conquista que no pertenece al pasado, sino más bien que se reviste de perenne actualidad. Se han llevado con éxito procesos electorales regulares y confiables, que han permitido la alternancia democrática de gobiernos en casi todos los países de la región. Pero, el hecho singular es que en todos estos regímenes políticos instaurados en los procesos de redemocratización o democratización, los partidos políticos han jugado un papel de suma importancia. La institucionalidad partidaria ha sido fuertemente criticada por carecer de propuestas políticas viables, establecer y hacer eficiente el sistema político y crear una cultura democrática duradera.
La campaña electoral y su dinámica es medida por las reglas de juego que imponen los medios de comunicación, donde la pose reemplaza al discurso; la imagen, al programa; el slogan publicitario, a la consigna política. La publicidad convierte así a los candidatos en productos que requieren ser vendidos en un mercado potencial; se maximizan las virtudes y se minimizan los defectos. El spot publicitario se llena de color, imagen, música alrededor del producto (candidato) que puede ser colocado en distintos y distantes lugares; el candidato tiernamente cargando un niño, fielmente al lado de la esposa, vestido juvenil e informalmente al lado de un partidario o conversando preocupadamente de los problemas que aquejan al campesinado o a un taxista. Estos spots publicitarios transmitidos en pocos segundos, pero repetidos regularmente, van condicionando al elector e intentando inducir su voto. Se apela así a los sentimientos, prejuicios y costumbres, descartando toda posibilidad de análisis, contribución y crítica consciente de las propuestas políticas y programáticas.
En este contexto, en un país donde los medios de comunicación han jugado un rol muchas veces superior a los de los partidos políticos, las encuestas de opinión acompañan cada proceso electoral, otorgándole un cariz mitad mágico, mitad científico. Pero las diferencias en los pronósticos entre una y otra compañía de encuestas son muchas veces, difíciles de comprender para un ciudadano común y corriente habilitado para ejercer sus derechos políticos. Lo más importante, sin embargo, es que por las características de la campaña electoral y, especialmente por la predominancia de spots televisivos, el elector se convierte en un consumidor de encuestas, sin preguntarse sobre la confiabilidad de éstas y, aceptando, por el contrario, como válidos los pronósticos que se difunden en los medios masivos de comunicación.
Las instituciones políticas no sólo no funcionan eficientemente, sino que se mantienen distantes de la sociedad civil, donde, por su parte, movimientos sociales y segmentos de la población demandaban al Estado en forma creciente para satisfacer las necesidades vitales. La realidad fue delimitado el escenario político. Presidencialismo avasallador; municipios incapacitados de gobernar su localidad; burocracia endémica y, muchas veces, corrupta; políticas económicas corrosivas al bolsillo popular; demandas regionales permanentemente postergadas. En la medida que la distancia entre clase política y clases sociales se hizo dramática, los discursos políticos aparecieron significativamente demagógicos y oportunistas. En consecuencia, cada vez más la política aparece, ante los ojos de la mayoría, como el espacio de la ineficacia y la mentira. Sin embargo, todos los nicaragüenses tenemos la esperanza que el futuro ganador de la contienda electoral modifique y transforme el escenario político que hemos vivido, para la consolidación democrática y la prevalencia de la constitucionalidad.
El autor es Vice Decano de la Facultad de Derecho, UNAN-León.