Nena B. de Lacayo
En una declaración al diario la prensa (domingo 21 de octubre) el Sr. Daniel Ortega dice ser católico, y sostiene que el marxismo no es incompatible con la religión, por lo que es de suponer que cuando dice religión se refiere a la católica. En otras palabras, que no hay disconformidad u oposición entre el comunismo y el catolicismo para poder ser profesadas ambas creencias al mismo tiempo por una misma persona.
Con el fin de refutar la afirmación del Sr. Ortega que entre marxismo y catolicismo no hay contradicción, me permito citar la Encíclica Divini Redemptoris (Del Divino Redentor) sobre el Comunismo Ateo, publicada el 19 de marzo de 1937 y firmada por el Papa Pío XI, para que sea Su Santidad misma quien, con sus propias palabras, aclare al Sr. Ortega su equivocación. En dicha carta encíclica, de la cual tengo la sexta edición de Ediciones Paulinas, S.A. (México, 1989), se sostiene que el comunismo está en contra de Dios y de la religión, cuando en el punto número 22 de ese escrito pontificio se lee lo siguiente: “Y es esto lo que por desgracia estamos viendo: por primera vez en la historia asistimos a una lucha fríamente calculada y cuidadosamente preparada contra todo lo que es divino. El comunismo es por naturaleza antirreligioso, y considera a la religión como el opio del pueblo porque los principios religiosos que hablan de la vida de ultratumba, desvían al proletariado del esfuerzo por realizar el paraíso soviético, que es de esta Tierra”.
En el punto séptimo de los 82 puntos que en total tiene la Divini Redemptoris, se cataloga al marxismo nada menos que como un “azote satánico”. En el punto 58 se nos advierte que “los fieles no se dejen engañar, que el comunismo es intrínsecamente perverso y no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, los que quieren salvar a la civilización cristiana”, y en el punto noveno se lee que “es evidente que en la doctrina comunista no hay lugar para la idea de Dios, no existe diferencia entre espíritu y materia, ni entre cuerpo y alma; ni sobrevive el alma a la muerte, ni por consiguiente puede haber esperanza alguna en una vida futura”.
Me parece que todo católico nicaragüense debería estar al tanto del contenido completo de la Divini Redemptoris. Quien lea la encíclica notará la forma sumamente dura y sin rodeos con que la Divini Redemptoris trata y pone en su lugar a la ideología marxista. En esa encíclica se alerta a los católicos acerca de los “falsos ideales”, de las “promesas deslumbradoras”, de la “propaganda astuta y vastísima”, de la “destrucción de la civilización y religión cristiana” y del “terrorismo” que tienen cabida en lo que se refiere al comunismo. Quien conozca la Divini Redemptoris, se dará cuenta de que es imposible ser católico y marxista al mismo tiempo. O se es católico, o se es comunista.
Dado que toda persona que es católica está bajo la obligatoriedad moral de seguir las enseñanzas e instrucciones contenidas en las encíclicas de su Iglesia, si en verdad el Sr. Ortega fuera católico, apostólico y romano, se vería en la obligación moral de convertirse en un anticomunista, porque la Divini Redemptoris, que es una encíclica anticomunista, lo obligaría moralmente a ello. Esa encíclica tiene vigencia actual, porque la Iglesia Católica nunca ha cambiado su opinión acerca del marxismo expresada desde hace 64 años en la Divini Redemptoris, opinión que la Iglesia mantiene hasta el día de hoy.
Para terminar de refutar al Sr. Ortega, la misma Encíclica Divini Redemptoris, en su punto cuatro, nos recuerda que el Papa Pío Nono, “ya desde 1846, pronunció una solemne condenación, confirmada después en el Syllabus, contra la nefanda doctrina del llamado comunismo, tan contraria al mismo derecho natural”, y que más tarde, el Papa León XIII, en la Encíclica Quod Apostolici Muneris, definía al comunismo como “mortal pestilencia que se infiltra por las articulaciones más íntimas de la sociedad humana y la pone en peligro de muerte”.
La autora es miembro de las misioneras Madre Teresa de Calcuta