Censores autonombrados y cantos tardíos

Alvaro Taboada Terán

Serían muy poco creíbles los argumentos de algunos ex funcionarios o de algunos literatos ex favoritos del Partido Comunista de la URSS, si expresaran que aquél fue “portador de las viejas y gloriosas banderas revolucionarias”, fue defensor de la “pureza” del socialismo, de la justicia y de la noble entrega al prójimo. Y menos fe merecerían sus palabras si dijeran que el partido perdió todas sus gloriosas cualidades únicamente al final del sistema comunista, y que sólo entonces todo aquello se convirtió en una mafia que malgastó y saqueó los recursos del país.

Parecida credibilidad merece el discurso de algunos altos ex funcionarios y maquilladores poéticos del régimen sandinista, al que sirvieron hasta el último día en el poder, y cuyos abusos (dicen hoy muy convenientemente) nacieron solamente desde que el FSLN perdió las elecciones de 1990. Es decir, el Frente se “malea” sólo al final, después de que ellos lo abandonaron, tras haber gozado de privilegios, en diversas formas, hasta el último día. La aludida falsificación de los hechos (ciertos personajes piensan escamotear así la responsabilidad histórica que les corresponde) no debería confundir a nadie, porque es evidente que la revolución de 1979 (originada en una lucha nacional justa) estuvo plagada de abusos delictivos desde que tomó el poder.

Desde el día uno de la revolución sandinista empezó la apropiación ilegal de bienes para los nuevos poderosos. En aquél momento (en medio de la gestación de un nuevo sistema legal estatizante) la dirigencia no necesitaba de la figura de la propiedad privada. Simplemente usufructuó y derrochó los bienes de la nación, mientras las grandes mayorías pasaban penurias y sus hijos eran devorados por la guerra, arrastrados por un ejército partidario. La corrupción comenzó desde el primer día: mansiones, guardaespaldas, servicios públicos, choferes, viajes… todo era gratuito para los grandes revolucionarios. La “piñata” del 90 (ante el inminente cambio de sistema tras la derrota electoral del FSLN) simplemente transformó en propiedad privada una buena parte de aquel alegre usufructo socialista, que benefició fundamentalmente a los reducidos sectores dirigentes.

Desde el inicio de la revolución el sistema legal fue arbitrario como nunca antes y violó todos los principios generales del Derecho, incluida la irretroactividad de las leyes. Desde el inicio hubo torturas y muertes. Desde el principio Nicaragua fue lanzada al infierno de la Guerra Fría, en aras de un irresponsable internacionalismo proletario. Con todo ello, ocurre que algunos estuvieron con tal régimen hasta su último día en el poder, hablan ahora de una “edad de la inocencia revolucionaria, perdida únicamente a partir de 1990”. Quieren ocultar su complicidad falseando la realidad. Todavía más: pretenden erigirse en la guía ético-política de los nicaragüenses. Quienes aplaudían la aberración legal y moral de los tribunales populares ahora son inmaculados jueces de todos los demás, incluidos los candidatos del PLC y del FSLN. Los colocan en el mismo plano político y moral. Un despropósito, pues si bien existen acciones indefendibles del actual gobierno, que la mayoría no quiere que ocurran en el futuro, por otra parte es reconocida por la gran mayoría del país la calidad personal del candidato del PLC. Sucede que los ex revolucionarios utilizan regularmente la tesis de la simetría entre situaciones distintas, para “nivelar” responsabilidades históricas y equiparar situaciones muy dispares. Tales personas dicen que no hay por quién votar. Esto beneficia a sus ex camaradas, pues muchísimos de sus seguidores siempre votan por su partido, aún a costa de Nicaragua. Por todo ello vale preguntarse: ¿A quién convencen estos nuevos censores de la moralidad pública? ¿No son sus cantos gestos tardíos, disimuladores, insinceros y tendenciosos?

El autor es profesor del Ave María College  

Editorial
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