Hugo Ramón García
De muchas expectativas está lleno el país. Por todos los rumbos de la geografía nacional cunden muchas interrogantes acerca de lo que pasará, o puede suceder el cuatro de noviembre del 2001 con motivo de las elecciones generales.
Nadie en este país con “optimismo” puede decir con certeza qué rumbos va a tomar Nicaragua ante la eventualidad del sufragio, o comicios. Su destino para los tiempos venideros es totalmente incierto, tan incierto como las promesas de dos novios, y al respecto no hay un solo nicaragüense que tenga la verdad en su poder.
En los corrillos públicos, o en los sitios de referencia comercial las opiniones se dividen, y hay quienes como una excepción del caso se limitan a guardar silencio, es decir que pretenden volverse “ajenos” a la situación que envuelve al país.
Pero con silencio, o sin él, en Nicaragua se vive un clima de inseguridad que no se puede evitar porque este último es consecuencia de las pésimas políticas que se han utilizado por una parte para gobernar, y por otra, por las muchas cuotas de poder que tiene en posesión el Frente Sandinista, o sea el principal adversario de la época moderna.
En medio de las muchas variantes que sacuden a la sociedad no se puede con afirmación hablar de democracia, mientras ella no se consolide. Las definiciones son terminantes en cuanto a su significado y si el pueblo que es su principal creador se muestra vacilante para consolidarla, no hay sentido de hablar sobre ella.
Lo ideal sería que la democracia se profundice, pero las posibilidades disminuyen cuando vemos, y constatamos que el liberalismo como partido de gobierno es el que más incurre en métodos reñidos con la democracia.
¿Se puede acaso llamar democracia al nepotismo familiar que Alemán ha montado? ¿Es democracia imponerle a los pueblos los candidatos a diputados a través de un minúsculo grupo de convencionales que se dejan sobornar a cambio de un voto?
¿Es correcto que el gobierno liberal hable de democracia en un país como Nicaragua donde las estadísticas de desempleo son sumamente alarmantes y progresivas?
¿Tiene autoridad el liberalismo de estos tiempos de hablar de democracia si dentro de sus estructuras internas periódicamente se ejercen procedimientos dictatoriales?
La democracia para consolidarla encara muchos retos, y uno de ellos consiste en el hecho preciso de saberla defender con el voto en las urnas. Tenemos por consiguiente los nicaragüenses ese compromiso, y no se puede echar a perder en un día lo que ha costado mucho tiempo ganarlo.
Las decisiones se hallan sobre la conciencia de los electores y para las elecciones del cuatro de noviembre del 2001 hay dos alternativas: se termina de hundir, o se salva el país. Usted escoja.
El autor de este artículo es Periodista.