El niño Juan Pablo Montoya, entre las piernas de su hermano Basilio y Jacquelin Pérez, esposa de éste. El niño y otro hermano de 15 años sobrevivieron a la tragedia. Basilio tenía tres días de haberse ido a Costa Rica el fatídico 30 de octubre.

En El Casita, las heridas del alma todavía sangran

La ayuda humanitaria ha subsanado las pérdidas materiales que sufrieron con el huracán Mitch, hace tres años. Sin embargo, hay pérdidas irreparables. Los sobrevivientes de la tragedia siguen llorando a sus muertos. Después de perderlo todo, hay mucho dolor por superar, pero la vida continúa Hilda Rosa Maradiaga C.y Carol Munguí[email protected] El 30 de octubre […]

  • La ayuda humanitaria ha subsanado las pérdidas materiales que sufrieron con el huracán Mitch, hace tres años. Sin embargo, hay pérdidas irreparables. Los sobrevivientes de la tragedia siguen llorando a sus muertos. Después de perderlo todo, hay mucho dolor por superar, pero la vida continúa

Hilda Rosa Maradiaga C.y Carol Munguí[email protected]

El 30 de octubre de 1998 el huracán Mitch convertido en un infierno de agua, llevaba días causando muerte y destrucción en Centroamérica, pero la estocada más macabra la tenía reservada para el Volcán Casita, en Posoltega, donde ese día provocó un deslave de agua y lodo que causó la muerte a más de 2 mil quinientas personas, aproximadamente.

Hoy, tres años después, la profunda cicatriz en la ladera de El Casita se puede ver desde varios kilómetros de distancia, pero la herida que no se ve, y que todavía sangra, es la que llevan en el alma los sobrevivientes, los que vieron desaparecer para siempre a familias enteras entre el lodo y el agua.

Una herida con la que desde entonces conviven día a día, hora a hora, minuto a minuto, cuando se trata de quienes lo perdieron todo.

Omar Josué Martínez Tercero, de 22 años, perdió a toda su familia, incluyendo a su esposa Jerónima Rivera, con quien tenía sólo un mes de casado. La ultima vez que los miró fue instantes antes del deslave, cuando al escuchar un estruendo del lado del cerro, se salió de la casa a ver qué pasaba.

La corriente de lodo lo arrastró aproximadamente cinco kilómetros “en cuestión de segundos”, según relató. De toda su familia, compuesta por sus padres y dos hermanas, sólo le queda una foto. “Como si la tierra se los tragó”, no encontró ni siquiera los cadáveres, narró casi llorando.

A él lo sacaron herido en helicóptero y lo llevaron al hospital con un pie fracturado y laceraciones en las espaldas. Todavía tiene lesionado su pie.

Relató que cuando tomó conciencia de la magnitud de la tragedia y supo que estaba solo en el mundo, “me sentí que no tenía vida; pensé: ‘qué puedo estar haciendo yo solito aquí’. Para mí eso era como si el mundo se había perdido ya… ; pensé: ¡Se acabó el mundo, se acabó todo!…”, dijo visiblemente conmovido y con abundantes lágrimas.

Omar cree que lo superó trabajando. Pero, “cuando no tengo trabajo sólo pienso en eso. Recuerdo los momentos de antes. Mi vida era feliz, tranquila, ahora no… Anoche volví a soñar con eso, eso no nos va a pasar jamás”, contó.

Omar Josué al menos tiene su trabajo para refugiarse, pero el dolor y la soledad se multiplican —si eso es posible— cuando se trata de una niña, como Zayda Maltez, de 11 años, que se quedó sin sus padres y tres de sus hermanos. El hermano que le quedó ahora trabaja en Costa Rica.

“En esos momentos me sentí sola y triste, y me sigo sintiendo sola y triste”, repite Zayda, tratando de poner en palabras la agobiante profundidad de su soledad.

Recuerda que su vida transcurría en el campo, donde vivía junto a sus padres y cuatro hermanos. “Era feliz”, dice con nostalgia. El alud no le quitó la vida, pero le arrebató esa felicidad. “Me salvé por pura gracia de Dios”, reflexiona ahora.

De su núcleo familiar sólo le quedó su hermano Freddy Eduardo, pero ni siquiera puede estar con él. El muchacho se vio obligado a viajar hasta Costa Rica en busca de trabajo y según ella, él la dejó con el dolor de su alma y sueña comprarse una finca para los dos.

La niña entiende la ausencia de su hermano, sabe que es por el bien de los dos, pero sufre por ello. “No me gusta que mi hermano tenga que ir a otro lugar a buscar la vida”, dijo.

Zayda vive con una tía, donde no se siente tan a gusto. “Aunque tengo a mi tía, no es lo mismo, me hacen falta mis padres. No es lo mismo tener a sus padres que a una tía …Ahora juego mucho menos de lo que jugaba allá. No tengo con quién jugar. Mis primos no juegan conmigo”, lamentó.

La pequeña cursa el quinto grado de primaria en la escuela que lleva el nombre de la maestra “Santos Castillo Ruiz”, víctima del alud y le gustaría estudiar Computación.

Ella aún no acaba de asimilar lo ocurrido. “Siento miedo cuando hay lluvia con viento”, dijo tras agregar que nunca olvidará ese día fatal.

Hace tres años, el 30 de octubre de 1998, los sobrevivientes de la tragedia ocurrida con el deslave del Volcán Casita sintieron que la vida acababa ahí. Tres años después, la lucha por salir del letargo, continúa.

NO OLVIDAMOS, PERO ENTENDEMOS…

“Nos quedamos como que la vida no valía nada. Ahora, aunque no hemos olvidado, ya entendimos que eso sucedió. Hay momentos en que uno se conmueve, pero ya no estamos todos los días llorando nuestros muertos”, dijo Julia Martínez Toruño, directora del Colegio “José Dolores Toruño” y quien perdió varios familiares en el desastre.

Julia recordó que “al principio los niños eran muy hiperactivos, no atendían las clases ni había manera de controlarlos, no querían clases, no querían nada”. Pero lo más difícil era que “nosotros sufríamos igual que ellos, lloramos junto con ellos, no teníamos palabras para ellos”.

La concejal Ángela Membreño dijo que los organismos han dado mucho apoyo sicosocial, pero considera que “todavía hace falta, porque el impacto fue grande y la necesidad de tratamiento psicológico no ha sido suficiente”.

Gerardo Reyes, Coordinador de Defensa Civil Municipal, aseguró que la gente aún no supera completamente el trauma, ya que cuando las lluvias se prolongan a dos o tres horas, empiezan a sentir temor.

“La gente se pone inquieta, hemos aprendido que vivimos en una zona de riesgo y mucha gente ha sido capacitada sobre cómo evacuarse, pero lo vivido no da paso a la razón y la calma cuando las lluvias tardan mucho. Todos se ponen alerta”, añadió.

Vidal Tercero Huete, líder comunal del Asentamiento Santa María, donde viven los sobrevivientes de “El Porvenir” y “Rolando Rodríguez”, comunidades arrasadas por el deslave, confirmó la opinión de Reyes.

“Ayer que llovió, cuando pasó la lluvia, salí a dar una vuelta por el asentamiento y toda la gente estaba afuera de sus casas y alertas. Yo te aseguró que aquí las noches cuando la lluvia se prolonga, la mayoría de la gente pasa en vela”, dijo.

El día de la tragedia, Basilio Montoya (23) tenía tres días de haberse marchado hacia Costa Rica a trabajar. “Tal vez me hubiera muerto”, dijo, igual que murieron sus padres y hermanos.

Ahora cuida a su hermanito, Pablo Montoya, de diez años, quien fue rescatado del espeso lodo, por Ricardo Santeliz, uno de tantos héroes anónimos. Basilio indicó que el niño, que cursa el segundo grado, tiene pesadillas, habla dormido y es necesario levantarse a calmarlo. Además, va muy atrasado en clases, a las que “pone muy poca mente”.

Basilio cuenta que se le salieron las lágrimas cuando Santeliz le narró cómo rescataron a su hermanito. “Dicen que ni siquiera se miraba entre el lodo, que me llamaba a mí pidiendo que lo salvara, pero Ricardo sólo escuchaba los gritos y al buscar no miraba nada, estaba completamente tapado de lodo, y apenas podía sacar de vez en cuando la nariz y la boca… unos minutos más y hubiera muerto también”

Según le contaron a Basilio, fue difícil sacar al niño de entre el lodo, cuya corriente le provocó heridas en las espalda y las piernas. Sin embargo, el niño es de poco hablar y sólo pudo decir que “fue algo horrible”.

PREPARADOS

A las 9:00 a.m. del pasado 10 de octubre, en el Colegio “José Dolores Toruño” se activó una alarma. Los niños sabían qué hacer. Unos fueron a rescatar compañeritos heridos, otros a realizar trabajos de primeros auxilios… Era un simulacro de desastre. Desde esa hora hasta las 12:00 m.d. todos trabajaron en función de ayudar a los que sucumbieron. El simulacro fue organizado por “Prevention 2000” y participaron la Cruz Roja y los Socorros.

La tragedia no sólo dejó dolor y malos recuerdos. Los habitantes de Posoltega tomaron conciencia de que se encuentran en una zona de riesgo y están preparados para cualquier eventualidad.

Gerardo Reyes, Coordinador de Defensa Civil Municipal, explicó que reciben constantes capacitaciones para lideres comunales en prevención y mitigación de desastres. También cuentan con mapas con enfoque de riesgos, una red de comunicación con diez radiocomunicadores, 26 comités locales preparados y unos 350 voluntarios.

La Asociación Prevención 2000, organización francesa que trabaja en prevención de catástrofes naturales, organiza estos simulacros en el Colegio “José Dolores Toruño”. El proyecto incluye visitas a los volcanes para conocer la zona de riesgo en que se encuentran.

La defensa civil del municipio; integrada por organismos como la municipalidad, Visión Mundial y El Centro “Alexander Humboldt”, que fortalecen a más de 400 brigadistas, higienistas y personal especializado en rescate, también realizará un simulacro de emergencia local próximamente.

El ejercicio activará las brigadas de evacuación, rescate y primeros auxilios, entrenados para emergencias locales en las ocho comunidades amenazadas y se pondrá en práctica en los próximos días, según indicó Darío Membreño, voluntario del Centro Humboldt.

TODAS LAS FAMILIAS RECIBIERON VIVIENDAS

Al conocerse la tragedia que envolvía a los habitantes en las laderas del Volcán Casita, la solidaridad nacional y extranjera para con los afectados por el deslave, no se hizo esperar. Los oriundos del suceso dependían de los más de 17 organismos que prestaron ayuda durante el plan de emergencia por el Mitch.

La concejal Membreño dijo que hubo ayuda para todos, no sólo para los afectados directos del desastre. De manera que el municipio se benefició con la construcción de carreteras, alumbrado público, construcción de nuevos asentamientos y cambios positivos, comentó.

El coordinador de Defensa Civil Municipal consideró que se hizo un enorme trabajo en infraestructura y hasta se puede decir que los sobrevivientes mejoraron su nivel de vida.

Uno de esos cambios positivos es que ahora se encuentran fuera de la vulnerabilidad en que se encontraban y habitan un asentamiento más seguro, dijo.

La Alcaldía de Posoltega registra la construcción de unas 1,400 casas y que ninguna familia damnificada se quede sin vivienda. Luxemburgo y Care fueron algunos de los organismos que ayudaron a construir Santa María y El Tanque, ahora habitados por los sobrevivientes del alud.

Sin embargo, estas familias “todavía no están asentadas a plenitud… Ha sido un proceso lento y difícil… Después de la tragedia la gente no quería hacer nada, y hasta hace poco más de un año empezaron a reaccionar, a continuar la vida”, dijo el líder comunal.

En Posoltega aún trabajan algunos organismos como Visión Mundial, Acción Médica Cristiana y el Movimiento “María Elena Cuadra”; sin embargo, los posolteganos consideran que aún hace falta apoyo para continuar.

A pesar de toda la ayuda que llegó al lugar, hay quienes consideran que no todo llegó a su destino. Por el Mitch, Visión Mundial desembolsó 2.5 millones de dólares para la emergencia y rehabilitación, 210 mil para Posoltega.

Omar Martínez dijo que “muchas personas han tenido logros de esto, yo no. Lo único que logré fue la casa. Todo ha sido esfuerzo mío”.

El líder comunal explicó que mucha gente herida no pudo estar ahí para recibir ayuda alimenticia ni otro tipo de apoyo. Él considera que hubo mucho desorden y mala distribución de la ayuda.

Tercero Huete estimó que los sobrevivientes “no están solos, pero tampoco acompañados… No se les ha dado seguimiento”. Sin embargo, algunas ONG aún tienen presencia en el lugar. Visión Mundial atiende a mil 600 niños en Posoltega. Entre los beneficios se entregan paquetes escolares para los menores, ropa nueva y zapatos a 100 familias, ayudan en la reparación de escuelas, limpieza de pozos, distribución de zinc, capacitaciones a madres y a agricultores. También preparan un plan para salvar vidas, en caso de repetirse un evento de tal magnitud, y proyectan 214 mil dólares para este nuevo año fiscal.

CLAMAN POR TRABAJO

Una de los grandes obstáculos para “continuar” ha sido adaptarse a su nueva forma de vida. El grito unánime parece ser ¡trabajo! El 73 por ciento de los habitantes vive en pobreza debido a la escasez de empleo.

Después de tener sus tierras para cultivar y sobrevivir, estas familias deben vivir en el casco urbano y buscar medios de sobrevivencia. El líder comunal indicó que muchos de ellos han emigrado hacia Costa Rica y sus familiares aquí viven de las remesas que envían, otros tienen financiamientos revolventes, venden mano de obra a privados, las mujeres lavan, planchan y salen a vender…

Consideró que “a la par de un proyecto de viviendas debe haber un proyecto de trabajo”, en lo cual Reyes estuvo de acuerdo y manifestó que estas familias son del campo y ahora tienen viviendas sin tierras productivas, ¿entonces de qué subsistirán?, se preguntó. Agregó que “hace falta empleo”, por lo que es necesario que “los proyectos venideros vengan con enfoque de productividad”.

Por su parte, el edil posoltegano, Andrés Ramón Díaz, comentó que “la gente estaba acostumbrada a vivir en un terreno amplio, cuidar animales y aves de corral y en los asentamientos no hallaron la comodidad que les brindaba su antiguo hogar. Readaptarse fue uno de los principales pegones”.

“Yo no comparo mi vida con esto… allá teníamos de qué vivir… Necesito trabajo para comprar comida, un lugar donde ir a trabajar. La ayuda se acabó, ahora tenemos que buscar cómo vivir”, comentó el sobreviviente, Basilio Montoya.

RECCONFORTAN SUS ALMAS

Cada 30 de octubre, los sobrevivientes de la tragedia regresan a El Casita para recordar a sus muertos, aunque a muchos de ellos no los encontraron ni saben dónde pudieron haber quedado aterrados.

Zayda Maltez espera ansiosa la llegada de su hermano Freddy, desde el vecino país del sur, para rememorar juntos la tragedia. La niña, quien se encontraba inquieta por la llegada del hermano, dijo que ambos prefieren pasar la fecha juntos para reconfortar sus almas. El uno es la esperanza del otro. “Siempre vamos al lugar donde quedaba la casa, a buscar. Sabemos que no vamos a encontrar nada pero…”, expresó.

Tres años después de uno de los desastres más grandes ocurridos en Nicaragua, por efectos climáticos, todavía se encuentra mucha esperanza en las huellas de tanto dolor.

PELIGRO PERSISTE

Posoltega vive aún bajo una amenaza latente. Estudios especiales sugieren que la cordillera volcánica de Los Maribios puede deslizarse, con y sin lluvia, y los pobladores deben aprender a convivir con los riesgos.

El mapa de riesgos entregados al edil posoltegano indica que tres tipos de amenazas penden sobre su población, ahora de 14 mil 700 habitantes.

Darío Membreño, voluntario del Centro Humboldt, afirmó que el deslizamiento de materiales se originaría porque el terreno de la ladera del volcán es suelto, “no es consistente”; pero además, podrían desencadenarse también erupciones volcánicas inesperadas o inundaciones, sostuvo.

Una representación de elementos de estos comités, viajarían a El Salvador, junto con el alcalde Díaz, para intercambiar experiencias sobre el reciente desastre ocurrido en el vecino país y los nicaragüenses relatarán las maniobras desarrolladas en ocasión del deslizamiento.  

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