Oliver P. Garza
El 7 de octubre se inició una campaña mundial para derrotar al terrorismo. Las fuerzas británicas y de Estados Unidos lanzaron ataques contra instalaciones en Afganistán utilizadas para entrenar y alojar a terroristas de la red de al-Qaeda. Más de 40 países en Europa, Medio Oriente, África y Asia han concedido derechos de tránsito aéreo o de aterrizaje. Otros países han compartido inteligencia.
Como declaró el presidente Bush, “nos apoya la voluntad colectiva del mundo”.
El presidente dijo también muy claramente que esta acción no está dirigida contra el pueblo de Afganistán sino contra los terroristas y quienes los protegen. La acción militar no es sino un componente de esfuerzo mucho más grande y extenso para frenar la amenaza del terrorismo. Estados Unidos ha sido, desde hace mucho, el principal proveedor de ayuda humanitaria al pueblo afgano. Esto continúa hoy cuando la ayuda de emergencia se envía ahí por aire y tierra para aliviar el riesgo a los civiles afganos causado por años de mal gobierno y talibán y abusos contra su propio pueblo. Para cortar el alcance mundial del terror se requiere también acción continúa y cooperación internacional en todos los frentes, incluyendo la diplomacia, redes financieras, inteligencia y aplicación de la ley.
La coalición actual es indudablemente la respuesta más visible a los horrorosos ataques del 11 de septiembre que ocurrieron en Estados Unidos. Pero a diferencia de los terroristas, no hacemos la guerra a las mujeres, niños e inocentes. Nuestras acciones contra al-Qaeda y talibán tienen como consideración principal evitar víctimas civiles.
La orden del presidente Bush de acciones militares contra la red de al-Qaeda y el régimen talibán que la protege fue deliberada y enfocada en momento y alcance. Aún cuando la ira del pueblo norteamericano y del mundo es muy justificada, Estados Unidos no ataca por ira y no se lanza contra inocentes. En los días posteriores al 11 de septiembre el mundo se ha dado cuenta, a un costo humano terrible, que el alcance del terror es grande. Es el deber de todos los gobiernos actuar con determinación en bien de la seguridad común mundial.
El terrorismo plantea una amenaza avasalladora a la gente inocente de todas partes. Como lo muestra gráficamente la larga lista de naciones que perdieron ciudadanos en los ataques contra el Centro Mundial del Comercio, las víctimas inocentes del terror son de todas las nacionalidades y de todos los credos. La naturaleza vil y malvada del terrorismo hace que nadie pueda sentirse completamente seguro. Esto es cierto en todos los lugares y en todos los países.
Si se lo descuida, el terrorismo afecta la vida de todos. Los terroristas roban la vida a las víctimas inocentes, y a todos nos roba nuestra seguridad. Al aprovecharse de las mismas libertades que son características de las sociedades democráticas, los terroristas han demostrado pericia y sangre fría para infiltrarse. Complican nuestra vida diaria, y directa e indirectamente amenazan a la libertad.
Pero así como los siniestros actos del 11 de septiembre infundieron temor en el corazón de la humanidad en todas partes, las tragedias de ese día desataron una enorme congoja y solidaridad en la adversidad, sin precedentes. No fueron únicamente los norteamericanos quienes respondieron de manera muy sentidas diciendo “Amo a Nueva York”, y “Dios Bendiga a Norteamérica”. Gente de todos los rincones del mundo denunciaron el ultraje y expresaron su simpatía hacia las víctimas, en servicios religiosos, condolencias, cobertura de los medios y expresiones artísticas. Todos los norteamericanos sienten una tremenda gratitud por las demostraciones de simpatía de gente de todos los lugares de la Tierra.
Gente de todas las naciones y credos sabe ahora que todos somos vulnerables al terror, que por su naturaleza no le importan sus objetivos y es indiferente a la vida humana. Tal solidaridad se ha convertido en apoyo a la acción mundial para desarraigar el terror. Esta coalición de naciones preocupadas es una respuesta verdaderamente histórica a un ataque sin paralelos y a la continua amenaza contra todos.
Trabajando juntos con sentido compartido de propósito, podemos poner fin al largo alcance del terror.
El autor es Embajador de EE.UU. en Nicaragua.