Eduardo Enrí[email protected]
Las grandes hazañas de la historia de la humanidad frecuentemente comienzan con una “idea loca”. Es natural, precisamente llegan a ser hazañas porque originalmente se consideraban tan difíciles que la gente ni siquiera intentaba realizarlas.
La tarea que acaba de emprender el doctor Alberto Saborío al aceptar la candidatura conservadora para la Presidencia de la República no se podrá calificar como una “hazaña de la humanidad”, pero de hacerse realidad marcará un hito en la manera en que los nicaragüenses nos gobernamos. Y por eso muchos lo ven como un imposible.
El jurista no está inventando el agua tibia, como él mismo admite. El planteamiento no es nada más que hacer realidad la independencia de los Poderes del Estado. Esa fórmula que ha funcionado tan bien en la manera en que se gobiernan sociedades como la inglesa, la francesa y la norteamericana desde hace siglos. Tampoco sacó de la manga este planteamiento el día que los directivos conservadores le ofrecieron la candidatura presidencial. En realidad, viene hablando de esto desde hace más de 10 años.
Pero al parecer el subconsciente del nicaragüense le dice que construir un Estado de Leyes y no de hombres, en donde nadie esté por encima de la ley y donde se tenga garantizada la independencia entre los distintos poderes es cosa de países y sociedades desarrolladas. Pareciera que el subconsciente nos dice que lo que funciona aquí es el caudillo, “el Hombre”, “el Gallo”, “Coyoles”. Nuestra mentalidad es tan así, que cuando tuvimos un gobierno débil —en el buen sentido del término— como el de doña Violeta Barrios de Chamorro, nos buscamos un “Nervio”, una “Torre”, que mangoneara.
Sería miopía política limitarse a ver esta tarea que emprende el doctor Saborío como una candidatura más para presidente. Es más, él es lo bastante inteligente como para darse cuenta que no tiene posibilidades de ganar la presidencia, dadas las circunstancias en que está entrando a la contienda: tarde, como parte de un partido que no tiene una organización que funcione a escala nacional y sin recursos económicos. Pero es que es irrelevante que él gane o no la presidencia. Creo, y espero no estar equivocado, que el Dr. Saborío, muy inteligentemente, aprovechará la tribuna de la candidatura presidencial para impulsar la batalla donde realmente importa, en el Parlamento; porque la llave está en controlarlo, o por lo menos tener una representación con fuerza suficiente para bloquear a los caudillos en la Asamblea Nacional.
Pero esa forma de pensar nuestra que nos tiene acostumbrados a ver al Presidente como dotado de un poder incuestionable lleva a muchos a creer que es “una locurita” decir que los nicaragüenses podemos hacer realidad un Estado moderno sólo con marcar una equis en la casilla de los diputados que no obedecen ciegamente a los caudillos Ortega y Alemán. Claro, por arte de magia no nos aparecerá el Estado moderno el cinco de noviembre en la madrugada, pero al garantizarnos un Parlamento independiente de los caudillos habremos dado un primer gran paso, que abrirá las puertas para la elección uninominal de los diputados y la reforma de las leyes para que los otros poderes e instituciones de control puedan funcionar de manera independiente del Ejecutivo.
Paradójicamente, es el mismo pacto, que trató de garantizar el control del Estado por parte de los dos caudillos, el que ahora está dando paso a esta posibilidad, porque tal tarea sería más difícil si la voz del doctor Saborío fuera una más de los veinte y tantos candidatos que participaron en el circo electoral del 96. Pero ahora, esta propuesta es diferente y la podemos escuchar sin ruidos ni distorsiones.
Estamos en un momento clave. Tenemos la oportunidad de demostrar que los nicaragüenses podemos ejercer nuestro voto con raciocinio, o de lo contrario, vamos a seguir siendo, como dice la canción de Silvio Rodríguez, una masa sin cantera. Testaferros del traidor de los aplausos.
* El autor es periodista.