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Las próximas elecciones nacionales pondrán a prueba una vez más la credibilidad institucional en Nicaragua. Para el cuatro de noviembre estarán encima de los votos el Consejo Supremo Electoral (CSE), la Organización de Estados Americanos (OEA), el Grupo Ética y Transparencia, así como cualquier cantidad de observadores.
Sin embargo, tal como se perfilan las cosas hasta este momento y recordando un poco lo que pasó en las recientes elecciones municipales y las elecciones nacionales de 1996, la situación será difícil.
Ética y Transparencia está en una situación muy frágil frente a la opinión pública y no creo que sea una de las instituciones independientes garantes del conteo de los votos el próximo cuatro de noviembre.
Digo lo anterior porque con la soberbia que los magistrados del CSE han venido manejando este Poder del Estado, lo más seguro es que no permitirán que Ética y Transparencia meta las manos en este asunto.
Ética y Transparencia tendrá que batallar duro para no dejarse imponer caprichos foráneos de quienes se consideran iluminados y autorizados para certificar si las elecciones las ganó el FSLN o el PLC.
Sería un grave error que en este contexto el CSE imponga su voluntad y no permita que se lleven conteos paralelos, como lo podría hacer Ética y Transparencia, por ejemplo.
El otro punto y es donde la OEA jugará un papel importante, es que este organismo debe ser muy prudente y sensato como para que ponga en juego su credibilidad al momento de los resultados electorales.
Lo menos que los nicaragüenses quisiéramos experimentar a partir del cuatro de noviembre, es lo que ocurrió con las últimas elecciones en Estados Unidos, donde pasaron varios días para decidir quién era el ganador. En Nicaragua seguro que los políticos y la población no soportarían eso.
Entonces, justo en ese momento es que los observadores electorales tienen que ser responsables y el CSE debe ser eficiente. Imaginen lo que pasaría si los sandinistas o los liberales ganan las elecciones por unos cuantos votos. Los sandinistas han dicho hasta la saciedad que esta vez no perderán las elecciones y los liberales han expresado que cuidarán los votos, entonces ¿en qué quedamos?
Si cualquiera de ellos gana con un margen muy ajustado y el CSE se prolonga para dar los resultados porque pudiera ser que haya negociaciones en ese momento, ¿serán capaces la OEA y Ética y Transparencia de decir ellos los resultados que tienen en sus conteos? Allí hay un reto planteado.
Por lo demás, creo que las cosas van encontrando su lugar y los votantes definirán el cuatro de noviembre qué es lo que más le conviene al país. Los nicaragüenses nos inclinamos por el cambio, aunque las cosas no se ven tan alentadoras debido a que los protagonistas de la historia son los mismos.