Semántica de VIH y Sida

María Elena Artola Juárez*

El VIH y las consecuencias sicológicas, sociales y económicas del Sida, demandan una respuesta eficaz y requiere de alianzas estratégicas entre toda la comunidad: medios de comunicación social, sector privado, sector académico, organizaciones de derechos humanos, ONG trabajando en VIH y Sida o en temas del desarrollo humano, desarrollo de la mujer, microempresas; organizaciones religiosas; gobierno y, sobre todo, las personas viviendo con VIH-Sida y sus familiares.

Estas alianzas son estratégicas y para establecerlas de manera perdurable necesitamos un ambiente nacional que genere confianza, esperanzas, respeto mutuo, comprensión y entendimiento en torno al VIH y Sida, asumiendo la epidemia como un problema de todos.

Además requiere de ambientes que generen una cultura de empoderamiento de las personas viviendo con VIH y Sida y sus familiares, que se les tome en cuenta como personas con derechos y obligaciones y no los encerremos en un mundo hospitalario-social de pacientes y enfermos, sin más horizonte que buscar tratamiento, terapia antirretroviral, o esperar pasivamente la muerte.

El primer paso para romper ese esquema cerrado es usar el lenguaje correcto cuando nos referimos al VIH y Sida. Al respecto es necesario establecer mecanismos de comunicación que permitan crear una relación de alianzas en el marco de la comprensión y la solidaridad cuando nos referimos a personas que viven con esta epidemia, para levantarles la autoestima y sus potencialidades.

Es oportuno observar que la mayoría de la población cree que el VIH y Sida no es su problema; que el VIH y el Sida es lo mismo y que el Sida es sinónimo de muerte. Por eso es importante establecer claramente estas diferencias.

-El VIH es incluyente, no discrimina a nadie. Siempre que nos encontremos en situación de riesgo, podemos adquirirlo.

– El virus de inmunodeficiencia humana, VIH, es la causa del Sida. Para alejarnos de éste, solamente existe la prevención responsable y bien informada.

– El Sida es la condición clínica del VIH.

Una persona con VIH puede tener, por muchos años, una vida productiva y socialmente activa si los gobiernos crean las condiciones apropiadas, es decir un marco de derechos humanos y VIH-Sida; acceso a los tratamientos antirretrovirales y las enfermedades oportunistas; estricto apego a la ética y la confidencialidad.

Los programas de prevención para el VIH son distintos de los programas elaborados para el Sida. En los primeros, se definen las actividades de cómo se adquiere el virus o cómo mantenernos negativos, y están destinados a la población en general.

Los programas de prevención del Sida se enfocan a personas viviendo con VIH y a las formas de obtener los tratamientos, cómo evitar las reinfecciones, las enfermedades oportunistas y a los aspectos nutricionales.

La comunicación apropiada evita los términos discriminatorios. Es importante usar un lenguaje incluyente que genere solidaridad hacia las personas viviendo con VIH y Sida, al mismo tiempo que refuerce en ellas su empoderamiento, autoestima y confianza.

Es recomendable en vez de las palabras: “vigilancia”, “control” o “campaña”, decir “respuesta al VIH y Sida”. Y no usar los términos “enfermos”, “pacientes”, “víctimas”, “sidosos”, “sidóticos” o “portadores”, sino “personas viviendo con VIH y Sida”.

En esta comunicación el lenguaje debe ser apropiado para informar de manera precisa en el marco del respeto a la dignidad y los derechos de las personas, además, para contribuir a crear los cambios sociales y el establecimiento de alianzas estratégicas para responder efectivamente al VIH y mitigar las consecuencias sicológicas, sociales y económicas del Sida.

* Consultora en Comunicación sobre VIH y Sida/Fundación Nimehuatzin/Onusida.  

Editorial
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