¿Institucionalidad de la Policía en peligro?

Cristiana Chamorro [email protected]

En las últimas semanas la desarticulación del Consejo Supremo Electoral, el traslado de la Presidencia de la República a un jacuzzi en Pochomil, la huelga de transporte, el problema de los cafetaleros, la paralización de la Corte Suprema de Justicia y en síntesis la profunda crisis institucional, económica y política del país, han opacado un asunto que merece atención nacional: El futuro liderazgo de la Policía Nacional.

Ser policía es toda una trayectoria de méritos y respeto ganados con sacrificios personales, antigüedad en la institución y preparación académica. Para cada grado policial se requiere un nivel académico hasta llegar a Comisionado General, posición que permite a los Comisionados ascender a Primer Comisionado.

Es un cargo difícil con desafíos grandes, como el uso del poder frente al poder de otros poderes del Estado y, hacia adentro, en defensa de los policías y la institución. Particularmente, ellos son los ejecutores de las decisiones del Poder Judicial y en el ejercicio de sus obligaciones cada policía le da más a la institución policial que lo que reciben de ella en cuanto a beneficios personales.

Según la ley, el nombramiento de un nuevo Director General de la Policía es una decisión política en manos del Presidente de la República. Puede hacerlo unilateralmente o a propuestas de los miembros de la institución que mejor conocen a los cuatro Comisionados que hoy aspiran ser Director General, el más alto cargo en esa carrera militar. La forma en que el mandatario seleccione al nuevo jefe de la Policía fortalecerá o debilitará la institucionalidad de la Policía Nacional.

En una estructura jerarquizada, si el Presidente Alemán impone su voluntad basado en los requisitos del pacto liberosandinista y en la compra de lealtades futuras, o en criterios de interés personal, el próximo Comisionado General no tendría el respeto necesario para mantener la cohesión institucional alcanzada, cumplir con disciplina, la responsabilidad pública que le da el cargo y lograr que la Policía cierre filas alrededor de la decisión presidencial.

De acuerdo al calendario, el Presidente confirmará su decisión a finales de este mes. Los mandos policiales serán informados jerárquicamente en julio, lo anunciarán en agosto, se oficializará el 5 de septiembre en el despacho presidencial y, al día siguiente, en un acto simbólico el Director General de la Policía entregará el mando único a uno de los siguientes candidatos a Primer Comisionado: La Inspectora Comisionada General Eva Sacasa Guardián, y los Comisionados Generales Eduardo Cuadra Ferrey, Edwin Cordero y Christian Munguía.

En esta delicada selección el fortalecimiento de la institución depende de dos actitudes. Por un lado, de la capacidad que tenga el saliente Director General para lograr el consenso de la Policía alrededor de sus candidatos y persuadir con su propuesta al Presidente de la República. Por otra parte, es determinante la disposición del Presidente a escuchar propuestas de los propios policías, a como lo hizo la Presidenta Violeta Barrios de Chamorro en su tiempo.

Los altos mandos policiales saben mejor que nadie quién de los cuatro candidatos tendrá más autoridad moral y profesional para hacer cumplir la ley, preservar el orden público por los próximos cinco años y perfeccionar la institución.

Investigaciones periodísticas revelan que por ahora Alemán se propone un cambio completo de la Jefatura Policial y se niega a considerar los nombres de los dos Comisionados con más trayectoria y amplio respaldo en el cuerpo policial: El Comisionado General Eduardo Cuadra Ferrey y la Inspectora General Comisionada Eva Sacasa. Ambos en la cúspide de una carrera a nivel de la excelencia profesional corren peligro de ser descalificados por resentimientos personales del Presidente en el caso de Cuadra, y machismo extremo de Alemán frente a Sacasa.

Cuadra ha sufrido como nadie los resentimientos del Presidente Alemán por su participación en las investigaciones del Narcojet y su comprobada capacidad investigativa en el tráfico de drogas, armas, delitos económicos y otros asuntos. Durante el gobierno de doña Violeta de Chamorro hizo importantes revelaciones con relación al buzón de Santa Rosa, lo que le valió para confirmar su independencia política de los sandinistas y su apego a las obligaciones de una Policía apartidista.

Es público que en este gobierno los caprichos y resentimientos de Alemán se han puesto por encima de las razones de Estado. El Presidente, al igual que cualquier resentido, reacciona cegándose a todo lo valioso, excluyendo y descalificando todos los síntomas de excelencia para esconder sus complejos ante la autoridad moral y profesional de hombres y mujeres que se han ganado un respeto en la sociedad.

En este orden, la posibilidad de una mujer en la Jefatura de la Policía está siendo rechazada por un Presidente que durante su gobierno no ha reconocido la participación de la mujer, como avance esencial de la cultura y del progreso integral de la sociedad.

La Comisionada Sacasa ha logrado conciliar lo delicado de su esencia femenina y lo exigente de su liderazgo en uno de los cargos más difíciles de la Policía: Velar por los derechos de los policías y su comportamiento ante la sociedad. Ha consolidado una imagen de fortaleza e integridad, que naturalmente produce temor en las alturas de una presidencia de hombres autoritarios pero atemorizados con la idea de instituciones fuertes, íntegras e independientes.

Ante las prácticas de un Presidente que toma decisiones de Estado en base a caprichos personales, resentimientos y una visión discriminatoria de las mujeres, la Policía debe defender su cohesión institucional y cerrar filas alrededor de un futuro liderazgo que consolide la institución. De lo contrario, Alemán podrá introducir en su currículum presidencial el debilitamiento de una institución que ha logrado sobrevivir al pacto liberosandinista.  

Editorial
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