“A propósito de don Enrique y sus circunstancias”

Alfonso Efraín Castellón Ayón*

Me refiero al Editorial del Diario LA PRENSA del 11 de junio del año 2001, en el cual se dicen ciertas verdades, pero al mismo tiempo se ocultan otras.

Pues bien he de ser franco y reconocer entre las verdades que el Ing. Bolaños sí sabrá cumplir con lo que destaca el Editorial sobre lo que dijo en su discurso del 3 de junio del 2001, y algo más: “Si solamente en forma indirecta he dicho que no se le debe confundir con Alemán”, es porque su forma de conducir y caballerosidad no le permiten transgredir la ética, la política en su esencia y el hecho innegable de ser un hombre de principios.

Virtudes que pocos políticos nicaragüenses conocen, practican o tienen en su haber como valores morales. Pero no pierdan de vista a don Enrique, tanto una como otra cosa señaladas en dicho artículo serán vistas, oídas y entendidas claramente por el pueblo y la sociedad nicaragüense.

Pero hay algo que no se dijo y deseo expresarlo en este artículo. En primer lugar, está olvidando el editorialista algo muy importante: la personalidad, el historial y la idoneidad del candidato.

Cuando me refiero a la personalidad es indudable que onza por onza, don Enrique es de los hombres que sin alterarse, en forma pausada, suave y firme, sabe llamar las cosas por su nombre. No tiene ambición por el poder; tampoco se le conoce por agitador de masas, desconoce el término traición y es el más calificado para ejercer la Presidencia.

Destaca muy por encima del resto de candidatos, por su afabilidad, diáfana y transparente forma de ser y sobre todo: por ser un hombre súper controlado y tolerante, sin herir susceptibilidades, tiene los ingredientes en cuanto a personalidad, para enfrentarse a la crisis con ponderación, a los problemas con sensatez y al diario quehacer de gobernante con la firmeza necesaria para ejercer correctamente la función más importante del país: la Presidencia de la República.

Indudablemente que no es un hombre perfecto, pero estoy seguro que sabrá oír a sus asesores, durante el transcurso de su mandato.

Y digo historial cuando me refiero a la formación integral de este digno hijo de Nicaragua, educado y formado dentro de una línea religiosa de reconocido prestigio académico: Los Jesuitas.

Profesional honesto competente y empresario agresivo, líder nato, deportista brillante, en fin no es mi estilo alabar a mis semejantes, pero he de confesar que su compañerismo, cortesía, exquisita fineza y cultura son testimonios irrecusables de que estamos frente a “un alma superior, que se eleva sublime a lo ideal, en vez de abatirse sobre el fango de las tristes miserias de la vida”, como señalara un antepasado mío muy apreciado al referirse a un amigo suyo.

Finalmente me refiero a su idoneidad: que el Diccionario Larousse define como la suficiencia o aptitud para alguna cosa. En el candidato del PLC se conjugan armónicamente esas habilidades. No podemos escoger a un presidente mentiroso, con un mal récord, o sin arraigo suficiente para ejercer tan importante cargo, mucho menos a un agitador social.

Dejo a los nicaragüenses el reto de saber escoger para candidato a la primera magistratura a un hombre como don Enrique. Sí, puede perderse el elector con ciertas afirmaciones de ese Editorial, pero para que sea justo el Diario de los Nicaragüenses ruego a ustedes publicar esta apreciación del suscrito, quien tiene una línea clara de pensamiento y una actuación apolítica en el ejercicio de la profesión.

Estoy con quien me parece bien y no con quien me impongan o tenga que aceptar por conveniencia.

“Dios salve a Nicaragua del peligroso retorno”.

Abogado y Notario
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