Ana Celina Espinal de Saballos
Cuando converso con amigos, familiares y personas con las que me relaciono, veo que sus principales preocupaciones son los problemas económicos y la inseguridad que provoca la delincuencia. Leo, veo y oigo en los medios de comunicación que esos son también los principales problemas que salen en las encuestas.
Entiendo que estos son problemas cuyas soluciones dependen de todos los nicaragüenses, pero igualmente entiendo que el Gobierno y el gobernante de turno tiene una gran responsabilidad en establecer y ejecutar las políticas económicas y sociales que contribuyan a su solución.
Por eso me intereso en quién será nuestro próximo ciudadano en el turno de presidente. De su capacidad de generar confianza, de mantener la estabilidad del país, de cumplir y de hacer cumplir las leyes, dependerá en mucho el futuro económico y el bienestar de todos.
Al momento tenemos tres candidatos:
Daniel Ortega con el FSLN. En el marco de la legalidad y oportunidades que da la democracia y en la convicción de que las personas pueden cambiar y mejorar, aceptemos en principio que tiene la disposición de realizar un gobierno para el beneficio de todos. Pero, ¿los inversionistas estarán dispuestos a arriesgarse? ¿Aumentarán las inversiones, o por el contrario se alejarán de Nicaragua? Dicen que no hay nada más desconfiado que el dinero, así que sin ser experta en la materia, si Ortega llega a gobernar, yo veo muy poco probable que se dé una mejoría económica en el país. Por otro lado, la cooperación internacional está disminuyendo y los países socialistas ya no existen para subsidiarlo, así que tampoco por esa vía hay esperanzas de obtener recursos que eviten el deterioro económico y social. Me parece que no es la opción deseable.
El otro candidato es Noel Vidaurre con el Partido Conservador. Los conservadores por sí solos son una fuerza pequeña. Necesitan la alianza con otros sectores. Esa debe ser una alianza sólida que dé confianza en que se va a mantener unida y garantice la estabilidad y la inversión y no ser una mezcolanza de intereses que se dividan en pugnas por espacios de poder.
Ya la sola designación del candidato dio lugar a divisiones en el Partido Conservador. ¿Qué pasará si gana? Me temo que va a tener muy poca capacidad real de gobernar y que surgiría una etapa de inestabilidad que nos amargará la vida a los nicaragüenses. Tampoco me apunto con esta alternativa.
El candidato Enrique Bolaños del Partido Liberal tiene para mí la capacidad de generar confianza y es una opción real de mejoría para el país. Está respaldado por una reconocida y vertical trayectoria de líder gremial y de empresario, goza de la simpatía de amplios sectores de la población (lo dicen las encuestas y lo escucho en las calles), también lo respalda una estructura partidaria sólida y presente en todo el país.
Su único problema es el desgaste del actual gobierno en el que tuvo la figura de vicepresidente. ¿Puede a Enrique Bolaños atribuírsele las fallas y errores del actual Gobierno?
El actual Gobierno no es el Gobierno de Bolaños.
El Gobierno de Bolaños será el próximo y estoy segura que será un gobierno respetuoso de las leyes y de la moral. Las credenciales de don Enrique, con el respaldo popular del Partido Liberal y de aquellas personas que sin ser miembros de partidos confiamos en la capacidad de Bolaños, permiten tener la certeza de que bajo su Gobierno habrá la estabilidad necesaria para la inversión que genere trabajo, habrán programas sociales para los más empobrecidos y el impulso suficiente para que al fin tengamos tranquilidad y esperanza en Nicaragua.
Por eso pienso que la mejor opción es Enrique Bolaños.
* La autora es psicóloga y especialista en recursos humanos.