Marvin Saballos
El voto en blanco está cobrando mucha fuerza en el Perú, dicen que es una forma de advertir a cualquiera de los candidatos que gane, de que no goza de la suficiente confianza de los electores. La abstención ciudadana en democracias en formación siempre es un peligro de desligitimación del sistema democrático. Me parece que los señores Vargas Llosa y Bayly elegantemente hacen un llamado al abstencionismo, puede que funcione en estas elecciones en el Perú, pero es también un gran riesgo.
La no participación en los procesos electorales también puede llevar peligrosamente a fortalecer a grupos minoritarios, autoritarios, que disponiendo de poder económico y grupos de presión organizados se sientan tentados a imponer dictaduras. Y ahí sí será peligrosa la situación, porque sumando el desencanto ciudadano ante una clase política inmadura y el poder autoritario y centralista de estos grupos minoritarios que acceden al gobierno por vías legales, estaremos ante el riesgo de legitimar dictaduras de grupos con experiencias y habilidades, capaces de adueñarse por largo rato del poder y entonces ¡Sálvenos Dios! Lamentarse será tarde.
Nicaragua no es Perú. Estamos a una década de la finalización de una cruenta guerra civil, prácticamente ininterrumpida desde la independencia. Apenas hemos pasado dos procesos electorales (en 1990 y 1996) que han sido ampliamente reconocidos como legítimos y democráticos. Para nosotros los nicaragüenses fueron una gran escuela cívica en la que hemos aprendido que podemos ponernos de acuerdo y elegir gobernantes sin necesidad de matarnos a tiros.
Es cierto, aún es frágil. A nuestra democracia le aflige la debilidad institucional, la tentación de la corrupción como modus vivendi, la concepción de “estado botín” heredada de una época en que se obtenía el poder por la guerra y eliminación del oponente. Adolecemos aún de un sentido de nación que permita la formulación de una estrategia, políticas y planes nacionales de largo plazo, que trasciendan a los intereses inmediatos de unas elecciones y de los grupos contendientes en las mismas. También la falta de este sentido de nación lleva a que los gobernantes de turno lo ejerzan con visiones de corto plazo y de beneficio para el grupo en el poder. Estas son algunas de las tareas pendientes.
Debemos de fortalecer nuestra democracia, si no estamos de acuerdo con disposiciones, leyes, actos de funcionarios, hagamos sentir nuestra opinión. Utilicemos los recursos que proporciona la democracia: la libertad de expresión, las organizaciones civiles, la participación en agrupaciones políticas. Una opinión ciudadana fuerte es capaz de obligar a que se reviertan medidas antipopulares.
El voto en blanco o abstención, en Nicaragua no me parece que sea una medida de censura ciudadana. El voto en blanco o abstención en Nicaragua, puede llevarnos peligrosamente a reducir la participación ciudadana, a dejarle el espacio político a grupos minoritarios, autoritarios que basándose en una precaria legitimidad tengan la tentación de imponer nuevas formas de dictadura.
La historia nos enseña que en Nicaragua votar en blanco es votar por la violencia.
* El autor es psicólogo social con especialidad en opinión pública.