Cristiana Chamorro [email protected]
Después de una luna de miel entre el Ejecutivo y la Contraloría colegiada, en la que los contralores debutaron con negligencia, al extremo que se les percibió como burlándose del pueblo, la Contraloría es hoy víctima de una asfixia económica. La tienen disminuida en su presupuesto, presionada con retardamiento en la entrega de los fondos de avances, con más de 90 auditorías paralizadas, y lo peor del caso degradada en su autoridad ante el desacato a sus resoluciones por Ministros de Estado a la vista y paciencia del Presidente de la República.
“Es que al Gobierno le salió el tiro por la culata”, declaró recientemente el ex Contralor Agustín Jarquín en una actitud de reconocimiento al supuesto giro ocurrido en la entidad encargada de fiscalizar el uso de los fondos públicos. En efecto, por algunas razones de fondo que vale la pena analizar, la institución colegiada no ha sido una oficina del Poder Ejecutivo a como se había pronosticado. Tampoco se ha puesto en oposición al mandatario, sino que en un juego de promesas con “manos libres” ha sacado leyes a relucir, como cuando le sacan “la Cruz al Diablo”.
La resolución sobre la ilegalidad de las dietas que ganan los funcionarios del Estado y la disposición de investigar los helipuertos construidos en las casas de la familia Alemán con fondos del Estado, son los últimos dos ejemplos de una Contraloría que por virtud del pacto liberosandinista, se instaló con la línea de restarle importancia a los escándalos de corrupción alrededor de Alemán y la utilización de Enel, INAA, el Ministerio de Transporte y otros recursos estatales en las propiedades recién adquiridas del Presidente, su familia y allegados.
Vale la pena preguntarnos si las señales de independencia en la Contraloría obedecen a una estrategia colegiada entre sandinistas y liberales, si los contralores de dos partidos antagónicos han logrado esos niveles de consenso o si hay algo más que logra insolentar la rebeldía de los fiscales ante un Ejecutivo a punto de terminar su mandato.
Aparentemente no hay ninguna planificación estratégica entre los contralores. El caso del Contralor Luis Ángel Montenegro es el mejor ejemplo. En las últimas semanas, Montenegro ha expresado criterios y acusaciones sobre el enriquecimiento desmesurado de Alemán. Sin embargo, sus compañeros en la Contraloría colegiada no han cerrado filas con el Contralor sandinista. Por el contrario, uno de sus compañeros liberales me expresó que la confrontación entre Montenegro y el titular del Ejecutivo es un asunto personal y no tiene carácter institucional.
Otros más escépticos creen que los señalamientos de la Contraloría al Ejecutivo “es compadre hablado” entre los contralores liberales y Alemán para complacer a la comunidad internacional y disminuir “la percepción” de cara a la campaña electoral. Es ésta una tesis que se pone en duda cuando medimos el costo que el partido en el poder y el propio Alemán han pagado con sanciones de la Contraloría a los hombres del Presidente. Por ejemplo, la terraza Jerez con supuestos fondos Mitch, las indemnizaciones al “Tigre” Quintana, Levy, Solís y otros, la polémica desatada respecto al informe del Banic, los casos de Iniser y aduanas entre otros.
Tampoco es que le salió el tiro por la culata, “Alemán sabía lo que escogía”, me aclara el Presidente de la Contraloría en una entrevista como para despejar dudas y especulaciones. Efectivamente, quienes conocen al Dr. Argüello Poessy lo describen como un “señor cascarrabias, de carácter recio, agrio, duro y rígido, dispuesto a chocar con lo que no le gusta; es uno de esos personajes que es mejor tenerlo de amigo que de enemigo, porque no olvida, ni perdona”, dicen sus amigos de toda la vida y entre éstos Alemán es o era uno de ellos.
Al conversar con el Presidente de la Contraloría uno percibe su esfuerzo por asumir sus oportunidades y responsabilidades en el servicio público desde dos perspectivas históricas muy propias y sin duda, le han impreso su sello personal a la institución colegiada.
Primero, Argüello Poessy ejerce su cargo como liberal y sobre todo es “antichamorrista furibundo”, según sus propias declaraciones. Culpa a Emiliano Chamorro de todos los males en Nicaragua por haber institucionalizado la cultura del caudillismo, con la cual el contralor parece no contemporizar. Segundo, asume sus funciones públicas con un sentido profundo de la transitoriedad del poder. Es un calculador no sólo de sus tiempos, sino del de los funcionarios públicos, del Presidente que termina y de la Contraloría que sigue con el actual presidente contralor hasta el 2005.
Orgulloso de su prestigio, de su independencia económica y orgullosísimo de que mi padre en LA PRENSA lo calificó de “Juez honrado y serio”, el Dr. Guillermo Argüello Poessy pareciera que está tomando la Contraloría como el reto de su vida, más cuando en una pasada de cuentas el mandatario le quitó de las manos la posibilidad de cumplir el sueño de su vida: ser Magistrado de la Corte Suprema y administrar Justicia, un privilegio que “sólo tienen los Dioses y los Reyes”, según lo expresa el Contralor.
Alega que las atribuciones a la Contraloría no son suficientes para hacer lo que la gente espera. Es cierto necesitamos fortalecerla con leyes como la de probidad, que tipifica el delito de enriquecimiento ilícito, el tráfico de influencia y otras normas de combate a la corrupción que han sido engavetadas por la Asamblea Nacional. Lo importante hoy es que en medio de todas sus debilidades y acosos presupuestarios, la Contraloría ha vuelto a la agenda noticiosa con resoluciones que cuestionan prácticas administrativas del propio Presidente de la República.
Es importante aclarar que el Dr. Argüello Poessy no se considera el Contralor de la República, sino la quinta parte de las decisiones, lo suficiente para insolentar mínimo tres Colegiados que seguramente lo apoyarán en su independencia de Alemán y cuando tome la decisión de hacer justicia al enriquecimiento más repentino, notorio e injustificado de un caudillo en cinco años de gobierno. El Dr. Argüello Poessy nuevamente tiene la oportunidad para decir “pues no” a la corrupción del régimen y honrar sus credenciales de “juez honrado y serio”.