Publicidad cibernética

Luis A. Villalta*

Es impresionante el cambio sociológico y de comportamiento que la tecnología ha venido imponiendo de manera gradual, rápida y profunda en nuestras actitudes y comportamientos. Ya no es lo mismo hoy que hace diez años en que lo primero que uno hacía al llegar a la oficina era leer las noticias del diario local, algún rollo de la política criolla y uno que otro asesinato en alguna comarca polvosa o lodosa de Nicaragua. Hoy la tecnología de cable y las comunicaciones por Internet lo despiertan a uno con las imágenes en vivo de un Pinochet humillado a más no poder o crudas imágenes de genocidios en un país lejano que tiene nombre de chiste, Chechenia.

Pero tal vez el cambio más impresionante que la computadora y el Internet han propiciado es el que se ha operado en los volúmenes y técnicas de venta por correo electrónico; usted puede ahora comprar desde una bisagra hasta una casa, carros, perros y cualquier cosa que se le ocurra sin salir de su casa u oficina. El otro día el periódico trajo la noticia que se había puesto a la venta en Internet el derecho exclusivo a presenciar, por una módica cantidad de dólares, la primera noche de luna de miel de una pareja de famosos. Allí al parecer todo es posible.

Yo, por supuesto que estoy conectado al Internet y como todos, contribuyo a saturar las comunicaciones antes de las ocho de la mañana revisando qué he recibido a través del espacio cibernético y es impresionante la diversidad de mensajes que a diario recibo en relación a cualquier cosa. Algunos me molestan, como el mensaje que me dice que la consulta en línea sólo tarda tres minutos, que la entrega es anónima y súper discreta y prometen la entrega en la puerta de mi casa en tan sólo 48 horas; se trata de un paquetito de la famosa Viagra; ¡Habráse visto!

Otro mensaje de publicidad es el que me ofrece un Doctorado en lo que yo quiera en la comodidad de mi casa; por supuesto que es un doctorado especial porque la propaganda dice que es sin libros; sin exámenes, sin sesiones de clase, no rechazan a ningún candidato y se puede escoger entre una licenciatura, un máster o un doctorado en el campo que usted quiera. Los requisitos son simplemente estar vivo. Te promete un próspero futuro, el poder del dinero y la admiración de todos, en especial de las damas si uno es varón y viceversa. El Diploma te lo entregan en pocos días, en tu propia casa. Eso sí, no se atrevieron a ofrecerte la vida eterna.

El siguiente mensaje me ofrece perder treinta libras en treinta días y volver a los mejores tiempos que todos tuvimos; por supuesto el método tampoco implica ningún sacrificio, puesto que te van a dar unas pastillas que no importa que uno siga comiendo vigorón con cacao a las diez de la mañana y vaho del Bautista al mediodía, son tan maravillosas que absorben cualquier cantidad de grasa.

Pero en realidad el mensaje que sí me impactó es el que me ofreció conducirme a la Libertad Financiera. Me ofrecen diez mil lolos al mes, para lo cual, según ellos, no necesito ninguna habilidad, conocimiento ni experiencia especial, sin salir de mi casa. Me puse a bromear con mis colegas que en realidad en Nicaragua estamos perdiendo el tiempo tratando de desarrollar el país en el largo plazo, mejor le entregamos una computadora a cada nica y que resuelva por sí mismo, sin necesidad de andar de vago en las calles.

Otros mensajes me ofrecen ayuda para pagar mis deudas y para librarme definitivamente de mis acreedores, cosa que a decir verdad, me encantaría. Me di cuenta que los charlatanes y brujos que antes andaban de pueblo en pueblo ofreciendo la pomada divina ahora andan de computadora en computadora ofreciendo lo mismo: Salud, Juventud, Dinero, Amor y lo demás vendrá por añadidura. Pensé que en realidad y en el fondo, nada ha cambiado, la Internet sigue ofreciendo lo que siempre han sido nuestros sueños de simple mortal.

Me pregunté quién sería capaz de caer en estas trampas cibernéticas y recordé el adagio que dice que “todos los días sale un tonto a la calle” y lo modernicé por uno que dice “todos los días se sienta un tonto frente a la pantalla”. ¡Cuentos verídicos!

* Consultor y profesor de la Universidad Thomas More.  

Editorial
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