Orientación vocacional: un problema a resolver

Carmen Regina Tenorio Gutiérrez *

Quien no haya estado ya en el dilema de seleccionar la carrera que va a estudiar o no haya conversado sobre el tema, no se habrá dado cuenta de que existe un problema serio en lo que respecta a la orientación vocacional en Nicaragua.

Actualmente la selección de una profesión se reduce a la pregunta: ¿qué tan lucrativa resulta una carrera? O bien ¿qué tantas ofertas de trabajo hay en el mercado laboral? Y es así que nos encontraremos con profesionales que cumplen con sus actividades, que resuelven problemas, pero que no se sienten satisfechos en el plano personal con lo que hacen.

La otra cara de la moneda la vemos en las aulas universitarias, donde las carreras ‘lucrativas’ y con demanda están atestadas de estudiantes que probablemente no tengan vocación, y que creen que cursar dicha carrera les resolverá la vida, mientras otras carreras, ya sea profesionales o técnicas, de las que también necesita Nicaragua, son vistas con cierto desdén o tomadas como ‘la última opción’ en la lista.

Este problema que se vislumbra solamente como ausencia de orientación vocacional no es más que la llamada ‘punta del iceberg’, pues hay una serie de situaciones adicionales que provocan este deterioro en los parámetros para seleccionar una profesión. Uno de ellos, y quizás el principal, es la ausencia de ofertas de empleo en muchas áreas de trabajo, un caso mencionable son las carreras de Arquitectura e Ingeniería Civil, a mediados de los ochenta, período en que el área de la construcción no tuvo su auge. Otra causa es la poca o casi nula remuneración de algunas profesiones, como el magisterio y la medicina, carreras donde no basta tener vocación profesional, sino vocación de sacrificio para poder cursarlas. A esto se le aúna también la poca oferta o difusión y casi subvaloración de las carreras técnicas más la supervaloración de los estudios universitarios, lo que hace casi imposible que un bachiller desee siquiera optar por una de ellas, aunque su vocación así se lo indique.

Si seguimos mencionando otras causas al problema de las vocaciones nos damos cuenta de que este no es un problema simple, pues involucra desde la actitud de los padres y maestros ante sus hijos y alumnos, hasta los planes educativos a nivel de Ministerio de Educación y, ¿por qué no decirlo?, a nivel de Plan de Gobierno. ¿Quién de nosotros no sabe que los jóvenes son el futuro de la patria? ¿y que, por tanto, la educación de éstos es importante? Inclusive, tenemos aquí un problema de educación orientado a género, donde se restringe a las niñas a jugar con herramientas (por ser propio de los niños) y se restringe a los niños a jugar con muñecas (por ser propio de las niñas), cuando a lo mejor se está truncando a una muy buena Ingeniera Mecánica o a un muy buen Trabajador Social.

El punto es, ¿qué hacemos nosotros, como personas, como jefes de familia, como profesionales, para disminuir el problema? Lo primero es empezar a preguntarnos nosotros mismos: ¿sé de qué se trata la orientación vocacional? ¿hubo una falla en la orientación vocacional que recibí de mis padres y maestros? ¿estoy truncando las posibilidades de acción de mis hijos/alumnos con mis actitudes?

Si todos nos hiciéramos estas preguntas, desde el estudiante de primaria y secundaria, hasta los maestros, catedráticos y responsables de la educación a nivel nacional, otra sería nuestra realidad.

No basta con hacer escuelas, crear nuevas carreras y universidades. Hay que educar y orientar a nuestros jóvenes para que dentro de 5 ó 10 años nuestro país no esté gobernado por autómatas que sólo saben hacer las cosas porque así son y no porque así deben ser, y que toda obra sea hecha por amor y por Nicaragua.

* Ingeniera en Computación.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí