La crisis del café

  • Urge fundar un “Banco de la Producción” con facultades para otorgar créditos y préstamos a corto, mediano y largo plazo, con tasas de interés muy razonables, para lo que habría que acudir al subsidio del Estado

José Ernesto Somarriba

La crisis de la caficultura de Nicaragua no es un problema sólo de bajos precios del grano, ni es tampoco sólo de nuestro país. Los bajos precios del café son la consecuencia de todo un proceso que ha afectado estructuralmente las condiciones del mercado a nivel mundial.

Con la entrada al mercado de las cosechas de Vietnam, nuevo productor, se ha modificado drásticamente la oferta del producto sin que se haya aumentado, al mismo tiempo, el consumo de la bebida, siendo la consecuencia que los precios se desplomaron, y dadas las circunstancias, estamos frente a un caso de crisis.

El café ha sido tradicionalmente el principal rubro de exportación del país, y por lo tanto, no podemos sentarnos sólo a lamentarnos de la situación y menos aún a ver con descuido el asunto. Los problemas hay que resolverlos o –cuando menos– tratar de hallarles una solución alternativa.

La grave cuestión comprende problemas y soluciones que van desde acciones a corto plazo hasta las de mediano, largo y muy largo plazo, como trataremos de analizar en los párrafos que van a continuación.

1. La dificultad inmediata se presenta con el vencimiento de las habilitaciones anuales y las cuotas de los préstamos que se han obtenido para la renovación de los cafetales frente a los ingresos del caficultor que se han visto severamente disminuidos y al no poder cubrir sus obligaciones, se generara un crecido monto de saldos insolutos a los que hay que darles una solución adecuada para que no se produzca paralización de la actividad, peligroso estancamiento que podría llevar al país al surgimiento de la inestabilidad económica, social y política.

Nos parece, que la situación así planteada amerita que el Estado legisle declarando la moratoria y las instituciones acreedoras procedan a prorrogar las deudas a un plazo que no podría ser menor de diez años, sin intereses o a una bajísima tasa de rédito anual.

2. Mucho se ha hablado de la falta que hace una institución de fomento de la producción con la liquidación que se hizo del Banco Nacional de Nicaragua y de su sucesor el Banco Nacional de Desarrollo. No es el momento ni el lugar de analizar las causas de su desaparición, por lo que sólo nos referimos a la carencia del mecanismo financiero, y a la urgencia que se presenta de fundar un “Banco de la Producción” con facultades para otorgar créditos y préstamos a corto, mediano y largo plazo, con tasas de interés muy razonables, para lo que habría que acudir al subsidio del Estado, al menos durante los primeros años de operación de la nueva entidad financiera.

Este nuevo instituto de desarrollo nos parece que podría hacerse cargo del problema cafetalero, como parte importante de sus muchas actividades.

3. El cafetalero debería estar consciente que su problema se origina en la baja productividad de sus fincas. Los países como El Salvador y Costa Rica sufrirán como todos las consecuencias de los bajos precios, pero los caficultores que trabajen con altos rendimientos por unidad de superficie estarán menos expuestos a los quebrantos económicos que los que no lo hacen.

El nuevo banco debería estar preparado para poder promover y atender la demanda de préstamos a mediano y largo plazo, destinados a elevar la productividad de las fincas cafetaleras.

4. Finalmente, está el factor ecológico o del medio ambiente que no puede soslayarse, y que es una función estatal que le corresponde asumir al Ministerio de Agricultura.

Nuestra caficultura en términos generales es un cultivo de secano, y por lo tanto, el éxito de buenas cosechas depende de la bondad de los inviernos. Urge –entonces– trabajos serios de reforestación de las faldas de nuestros volcanes y montañas y de las cuencas hidrográficas, con lo que estaríamos resolviendo tanto el caso de un mejor régimen de lluvias, necesario para el buen desarrollo del cultivo del café, como el de superar la amenaza de nuevos deslaves; como el que sucedió en Posoltega con el exceso de lluvias que produjo el huracán Mitch.

Esta acción necesitaría préstamos a muy largo plazo y tasas de interés bajísimas, recursos que son obtenibles en instituciones de la comunidad financiera internacional, toda vez que se le presenten estudios de factibilidad confiables. La reforestación hay que hacerla, si es que hemos de ofrecer una solución integral, posibilitando la rentabilidad a la producción cafetalera, bajo las nuevas condiciones del mercado.

El punto plantea un serio desafío. Un gran número de cafetaleros deberán ser motivados a volverse productores eficientes del grano. Así lo reclaman los nuevos tiempos de la caficultura.

* El autor fue vicepresidente del Banco Nacional de Nicaragua.  

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