Holanda se convirtió hace pocos días en el primer país del mundo en legalizar la eutanasia. En sentido estricto, eutanasia significa la acción de acortar voluntariamente la vida de quien, sufriendo una enfermedad incurable, la solicita para poner fin a sus sufrimientos físicos. En otros países del mundo también han habido intentos para legalizarla. Es el caso de Australia, por ejemplo, donde la asamblea legislativa del Territorio Norte de ese país la aprobó en 1995, aunque posteriormente dicha legislación fue rechazada por el Parlamento Federal Australiano.
Aunque Holanda acaba de legalizar la eutanasia, la verdad es que desde hace casi dos décadas que ya la toleraba. Los médicos que la practicaban y eran llevados a los tribunales eran absueltos si demostraban que se habían ajustado a los requisitos substantivos publicados por la Real Asociación Médica Holandesa en 1984. Éstos son: 1) que el paciente hubiese hecho una demanda voluntaria para ponerle fin a su vida, 2) que la demanda hubiese sido considerada detenidamente, 3) que la demanda se hubiese expresado varias veces, 4) que el paciente estuviera en un estado de sufrimiento inaceptable, y 5) que el médico hubiese consultado con algún colega que manifestara estar de acuerdo con el curso propuesto de acción.
En los países más desarrollados existen muchos grupos de presión organizados para promover la eutanasia, o lo que algunos de ellos llaman “la muerte dulce” o “la muerte con dignidad”. En Holanda mismo, el debate sobre el tema duró casi 30 años antes que se llegara a la decisión reciente. Los argumentos utilizados por quienes abogan por su legalización vienen en todos los tamaños, colores y sabores, aunque predominan aquéllos que se refieren a razones “humanitarias”. Sus promotores aducen que la acción más humana ante una persona que sufre y que no tiene ninguna posibilidad de curarse, es quitarle la vida; una vida que -dicen- ha perdido todo su valor y que por lo tanto no vale la pena seguirla viviendo. No cabe duda que las presiones de estos grupos se intensificarán después de lo acontecido en el país holandés.
Los argumentos de “humanidad” y “compasión” como justificantes de la eutanasia tienen un gran atractivo superficial. Cualquiera que haya visto en su propia familia o en la de algún amigo o conocido los padecimientos de una persona que sufre una enfermedad dolorosa e incurable, puede sentirse inclinado a concluir que lo mejor que puede hacerse a favor de esa persona es terminar con su vida para ponerle fin a sus sufrimientos.
No obstante, la humanidad ha comprendido que la vida no sólo es un don precioso sino también un misterio que debe ser respetado profundamente. Algunas sociedades primitivas en el pasado permitían la eutanasia, pero a medida que la conciencia del hombre sobre sí mismo ha avanzado, así también ha tendido a proteger más la vida humana. No deja de resultar extraño, por lo tanto, que sean las sociedades más avanzadas, como la holandesa, por ejemplo, las que de primero estén debilitando ese tradicional respeto a la vida.
Una vez que se abre la posibilidad de disponer de la vida humana a voluntad, los peligros de ir ampliando los motivos y las circunstancias en los que se puede disponer de ella se multiplican. Los primeros en sufrir las consecuencias del debilitamiento del compromiso para defender la vida han sido las personas más indefensas de todas, como son las criaturas aún no nacidas. El aborto legal en los países ricos no es más que la consecuencia de ese debilitamiento. Ahora le siguen otros grupos de indefensos como son los ancianos y los enfermos. Es por eso que no debería sorprender el hecho de que la misma ministra de salud de Holanda haya dicho la semana pasada que no se opondría a permitir que personas muy ancianas, cansadas de vivir, usen píldoras para el suicidio.
En un mundo en el que con tanta frecuencia se distorsiona el lenguaje y se tuercen las ideas para lograr propósitos egoístas es importante estar dispuestos a continuar respetando y defendiendo la vida humana, desde el momento de la concepción, hasta su final por muerte natural.