El pacto y la democracia

Adolfo Calero Portocarrero*

En 1820 ante la seria confrontación entre Estados libres y aquellos esclavistas, que amenazaban con dividir la Unión norteamericana, se forjó el “Acuerdo de Missouri”, que mantuvo el balance sectorial entre los mismos y que le permitió a la Unión 34 años de sobrevivencia y afianzamiento, aunque fue en su momento calificado por algunos como frágil e inútil. Norte y Sur, profesaban filosofías e intereses totalmente opuestos, especialmente en lo referente al tema de la esclavitud y pocos años después de la denuncia del “Acuerdo” estalló la tremenda Guerra Civil (1861-1865).

El “Pacto libero-sandinista”, entre partidos diametralmente opuestos, incomprensible para las grandes mayorías e igualmente rechazado por otros como un aumento del gasto público; para unos tuvo, en su momento, a pesar de los riesgos, aspectos positivos como: la gobernabilidad, el destrabe de la elección de magistrados, procuradores y quizá otros que se me escapan. Es un hecho real que la elección del Procurador de Derechos Humanos, se intentó y fracasó durante tres años.

Es posible que para despejar dudas y nublados sea necesario la denuncia de este pacto por la parte democrática, asegurando a la otra el cumplimiento del mismo para garantizar lo poco positivo o no, que de todos modos ya está plasmado en la Ley Electoral y La Constitución de la República. Hay que dejar claramente establecido, de igual manera, que el pacto termina automáticamente con las elecciones que decidirán la continuidad democrática o el retorno al pasado oscuro.

Afortunadamente, contrario a lo que aconteció en los Estados Unidos con la denuncia del “Acuerdo de Missouri”, la denuncia del “Pacto libero-sandinista,” desembocará en elecciones libres, en las cuales el pueblo nicaragüense sin duda alguna, optará abrumadoramente por la libertad y la democracia, cuyo abanderado es el Ing. Enrique Bolaños. Habrá entonces oportunidad de llevar a cabo reformas democráticas a la Ley Electoral, a las instituciones y a la Constitución misma, todas encaminadas al bienestar general y a eliminar, en lo posible, los nefastos legados sandinistas.

Se escuchan voces, que creen llevar agua a su molino, clamando que hay que votar contra “el pacto”, lo que es un absurdo, además de falso. “El pacto” no es ni tiene candidato. El Presidente Arnoldo Alemán, no es candidato en elección alguna; el diputado Daniel Ortega sí es candidato presidencial por voluntad propia o de la cúpula sandinista. “El pacto” no elimina la confrontación, si acaso la agudiza, y la confrontación no es entre “Alemán y Ortega,” como con evidente malicia pregonan personas que así alientan la confusión, ¿será por aquello de que: “En río revuelto ganancia de pescador.?”

La confrontación, valga repetir una y mil veces, es entre Bolaños y Ortega, el primero de trayectoria limpia y democrática, el segundo de trayectoria oscura y totalitaria. La escogencia que tendrán los nicaragüenses el próximo noviembre, es real y verdadera, sí hay porqué y por quién votar, y no se trata de miedo, simple y llanamente se trata de escoger entre lo bueno y lo malo, no hay donde confundirse ni cómo equivocarse. La verdad resplandece y salta a la vista.

Ahora bien, consideramos una obligación cívica y sobretodo moral, no sólo participar sino que llamar a la participación ciudadana en estas elecciones y de paso establecer claramente ante el votante quiénes son los candidatos y lo que cada uno representa para el futuro de la Patria.

* El autor es diputado a la Asamblea Nacional, Presidente de Alianza Conservadora.  

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