Gioconda Belli: amor y cenizas de la revolución

Ariel Montoya*

Cada aparición de un libro de memorias se torna en sí un acontecimiento en Nicaragua. Sobre todo por que quienes las escriben, resultan ser figurones del quehacer político o cultural; y es que hasta el momento, no se ha sabido de ningún discreto millonario, ni de ningún prominente hombre de las ciencias, la banca o la agricultura, que se esté dedicando a estos menesteres.

Primero fueron las de doña Violeta Chamorro, con su libro “Sueños del Corazón”, donde la ex mandataria describe con desnuda pasión bostoniana, su total desconocimiento sobre los misterios del amor, tras relatar desde la frescura bucólica de su candidez, que la única referencia sobre el acto amoroso del que ella tenía conocimiento el propio día de su boda, era cuando veía a los garañones perseguir a las yeguas en celo, en la hacienda paterna de Rivas.

Después están las del novelista Sergio Ramírez, “Adiós Muchachos”, mismas que aún continúan dando de qué hablar, por la forma en que revela interioridades, calamidades y sortilegios del controversial régimen sandinista del cual fue Vicepresidente. Y ahora, tras el grueso foliaje de más de cuatrocientas páginas debidamente aquietadas bajo el hermoso lienzo de Henry Rousseau, circula la última obra de la poeta y escritora Gioconda Belli, “El país bajo mi piel”, conjugación literaria amasada con el anís del sexo, la miel de los romances clandestinos y oficiales, la harina panfletona del testimonio revolucionario, el repetitivo bouquet de niña burguesa sacrificada por los pobres y la levadura biográfica de la novela.

Dentro de este memorial biográfico en auge, están también las memorias del ex recluso Roberto Zelaya Blanco, “Nicaragua en la Conspiración del Silencio”, del cual se tendrá que escribir en otra ocasión dadas las precisiones del otro lado de la moneda social el país durante la década sandinista de los 80. Y por si esto fuera poco, en los cafés de la veraniega Managua, los últimos chismes literarios dan fe de que el poeta y filósofo Alvaro Urtecho, anunció recientemente en México la publicación de sus memorias, en las que se presume tendrán un tinte satírico y analítico sobre la revolución y la cultura nicaragüense en general. De estos comentarios capitalinos también se dice que el cantautor Luis Enrique Mejía Godoy publicará las suyas en los próximos meses.

Pero volviendo al libro de Belli, esa diva de deslumbrante cabellera capaz de seguir escandalizando a las últimas conciencias mojigatas reprimidas ante la lectura desvergonzada de los fogonazos de alcoba y los quereres de “gata panza arriba”, vale la pena destacar que éste es un documento testimonial atractivo y esencial, dentro de la sociología emblemática que gira en torno al colosal episodio del sandinismo.

El libro, escrito en medio de una acalorada trama personal llena de suculencias sociales estigmatizadas por el origen de clase de la narradora, aborda e intercala púdicamente, las irreverencias personales cometidas desde la niñez y la adolescencia, en las que las travesuras del sexo, de los primeros poemas eróticos escandalizando a la high class desde el catolicismo impreso de la Prensa Literaria, así como del fervor idealista, revelan la psicología de una mujer consciente de su rebeldía y de su inconformidad con el medio circundante que le tocó vivir. Pero en el que como producto de su ingreso a la guerrilla urbana sandinista, se narran también las aspiraciones de una juventud mística y utópica, la del sesenta y setenta, deseosa de alcanzar un futuro distinto para los nicaragüenses, ante la existencia de un sistema con señales de desgaste frente a un momento de ebullición mundial.

El libro también, que acerca a la autora a un grado de madurez como prosista, no aborda la autocrítica sobre la responsabilidad histórica por parte de quienes se embarcaron en el barco revolucionario comandado por los sandinistas, dirigidos por la cúpula gobernante. La autocomplacencia benéfica de una clase social (la pudiente), que gozó de las migajas del derroche tercermundista en el poder, es virtualmente evadido, como es evadido en su totalidad el descalabre, el desacierto, y la violación a la dignidad humana y a la libertad ciudadana, hechos desastrosos cometidos por el sistema en mención.

Belli, si bien es cierto critica algunos excesos del poder de los comandantes, lo hace desde ópticas domésticas, maquilladas por el resorte convencional de su condición de mujer, en donde además de los chantajes visuales de los comandantes hacia ella (Daniel Ortega, Omar Torrijos, Fidel Castro, para mencionar a algunos), no reflexiona a profundidad sobre los auténticos vicios morales y políticos que ese sistema cometió, y entonces, de la hoguera fraterna y solidaria que esa revolución generó como expectativa en un principio, sólo quedan las cenizas, izadas al galope de un tiempo perdido.

* El autor es escritor y poeta.  

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