¿Qué pasó en Madrid?

Era de esperarse que el Gobierno presentara como un éxito la reunión del Grupo Consultivo Regional para Centroamérica celebrada en Madrid entre los días 8 y 9 del presente mes, y que también, dada la naturaleza del evento, los llamados representantes de la sociedad civil -que más bien lo son de algunas ONG que operan en el país- la presentasen como un fracaso. Pero, ¿qué es lo que realmente sucedió en la capital española?

Cualquier respuesta a esa pregunta debe estar relacionada con las expectativas que se tenían de la reunión que estuvo originalmente programada para llevarse a cabo entre el 18 y 19 de enero del presente año, pero el terremoto ocurrido en El Salvador el 13 de ese mes hizo que se pospusiera hasta marzo. Se recordará que en aquel entonces el Gobierno decía que Nicaragua y los demás países de Centroamérica irían a “la caza” de inversiones, y que para eso llevaban una cartera de 31 proyectos a nivel regional elaborados por la Secretaría de Integración Centroamericana (SICA), que es un organismo regional con sede en El Salvador.

Es así que el Canciller Francisco Aguirre dijo en enero que “el gran objetivo de esta reunión es la transformación y modernización de Centroamérica y reducir la pobreza”, añadiendo que estarían presentes “la crema y nata de la comunidad internacional” incluyendo “empresarios europeos, norteamericanos y asiáticos.” Por su parte, el Ministro de Fomento, Industria y Comercio, Norman Caldera, dijo que la reunión era para “ir a vender estos proyectos a la comunidad donante; de ver quiénes tienen interés en ellos y si están dispuestos a invertir en Centroamérica”.

Las declaraciones de esos funcionarios crearon expectativas que hicieron a muchos pensar que la numerosa misión del Gobierno regresaría con las manos llenas de compromisos de inversión. Pero no fue así, y por eso es que a su retorno las declaraciones de los funcionarios públicos han sido tan parcas y tímidas. No hubo por parte de los pocos empresarios presentes ninguna promesa de invertir en el área, y mucho menos un compromiso.

Es más, el comunicado que el patrocinador del evento -el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)- elaboró después de la reunión, ni siquiera menciona a los empresarios como presentes en el encuentro, pero sí es claro en señalar que “el tema principal de la reunión fue la revisión de la estrategia regional para el fortalecimiento de la integración y de la cooperación regional y su contribución a la reducción de la pobreza, la aceleración del crecimiento sustentable y el fomento de la competitividad para que la región pueda competir de forma más eficiente en los mercados mundiales”. En esencia, puede decirse que fue una reunión eminentemente política, y muy distante de poder ser caracterizada como una “caza de inversiones”.

“En conclusión”, dice el comunicado del BID “ante la importancia de la integración y el desarrollo regional para Centroamérica se considera que el SICA debe continuar el seguimiento e implementación de la estrategia y proyectos presentados, así como el diálogo con los donantes”. Fijémonos bien que el comunicado habla de donantes y no de inversionistas, y termina diciendo que el BID convocará a “una próxima reunión del Grupo Consultivo Regional en el año 2003, para dar seguimiento a lo planteado en Madrid”.

Por otra parte, no es extraño que los representantes de las ONG digan que la reunión fue un fracaso, ya que esta vez, a diferencia de la reunión de Estocolmo, no se asignaron fondos a los que ellos pudieran tener acceso. Lo que sí es importante que observen los llamados representantes de la sociedad civil es que la actitud que se requiere para “vender” el país y la región como destino atractivo para inversiones privadas -que era lo que en esta ocasión aparentemente pretendían los gobiernos- es muy diferente a la actitud que se requiere para obtener donaciones, que es lo que siempre buscan las ONG. Para lo primero se requiere presentar una buena imagen; para lo segundo, es necesario presentar una imagen de pobreza y de desolación. En todo caso, por lo visto, ni el Gobierno, ni las ONG obtuvieron lo que esperaban y deseaban.  

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