El cierre del Banco Mercantil

Es innegable que la reciente clausura del Banco Mercantil (Bamer) ha sido mucho menos traumática para los cuentahabientes de esa institución bancaria, de lo que fueron los cierres del Interbank y del Bancafé para sus clientes en la segunda mitad del año pasado. La rapidez y el orden con que procedieron las autoridades regulatorias y supervisoras del Sistema Financiero contribuyeron a que así fuera. Además de ser menos traumática para los cuentahabientes, es seguro que será también menos costosa para la ciudadanía. Porque nadie puede asegurar con certeza que no vaya a existir un costo que ¯aunque desconocido e indefinido, de momento¯, saldrá a luz en el momento en que se evalúe y se conozca el valor real de la cartera.

Se dice que este cierre es diferente a los anteriores por varias razones. En primer lugar, porque aparentemente no fue provocado por operaciones fraudulentas, como sí ocurrió en los dos casos mencionados atrás. Sin embargo, un miembro de la Junta Directiva del Bamer ha dicho que se está investigando a Haroldo Montealegre, quien por varios años fuera Presidente de la Junta Directiva, para determinar si hizo operaciones indebidas que pudieran haber contribuido al descalabro del banco. En segundo lugar, porque al momento de cerrarlo había un capital positivo, lo cual quiere decir que los activos del banco eran mayores que sus obligaciones. Eso significa que el banco estaba solvente, y que lo que en última instancia provocó su cierre fue un problema de escasez de fondos líquidos que le impedía afrontar sus obligaciones inmediatas y regulares.

De momento no se conocen con precisión las causas primarias que fueron orillando al Bamer a una situación financiera tal que hizo inevitable su absorción por otra entidad bancaria. Y a como usualmente sucede en Nicaragua, es posible que nunca se conozcan a fondo. Lo que sí se sabe con certeza es que poco después que se dio la quiebra del Interbank, las autoridades que supervisan el Sistema Financiero anunciaron que la situación del Bamer estaba bajo control porque sería capitalizado por un grupo de nuevos socios. Se hablaba en ese entonces de una inyección de capital fresco de entre 8 y 9 millones de dólares. Desde ese entonces, se dio el ingreso de los nuevos socios, hubo cambio de Presidente y de Gerente General, y sin embargo, la capitalización anunciada no se dio. Se dice que la infusión de capital no pasó del millón de dólares. Eso es algo que la Superintendencia de Bancos debe explicar a la ciudadanía.

Se ha querido también dar la impresión que la fusión del Bamer con el Bancentro es una operación común y corriente entre empresas privadas. Si bien es cierto que las fusiones son práctica común en muchas partes del mundo, y que ésta en particular puede haber sido correcta y oportuna, también es cierto que, por lo general, ellas no ocurren con el aval del Estado porque hay que saber que en esta oportunidad, el Banco Central de Nicaragua ha otorgado un aval que garantiza la cartera mala que pueda aparecer más adelante. En ese sentido, el cierre del Bamer no es muy diferente a los anteriores, en donde el Estado también garantizó la cartera mala, y hasta el día de hoy, por ejemplo, la ciudadanía sigue ignorando lo que le costó ¯a la ciudadanía, por supuesto¯ el cierre del Interbank y del Bancafé. El Dr. Noel Ramírez dijo ayer que “es muy probable que no haya un costo para el Estado en esta operación”. Creemos que su afirmación es sumamente optimista, y en todo caso, definitivamente prematura.

Las quiebras y las fusiones son parte esencial de la economía de mercado. Son de hecho las señales ¯muy claras y dolorosas, por cierto¯, que el mercado envía para que se hagan ajustes en el uso de los recursos. Lo malo está en que el costo de los ajustes tenga que ser asumido por la población en general. Lo bueno, en este caso, es que el sistema bancario ha sufrido una depuración necesaria que muy posiblemente resultará en su necesario fortalecimiento.  

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