León Núñez*
Yo creo que inmediatamente después de realizadas las elecciones del próximo cuatro de noviembre, se puede presentar cualquiera de los siguientes cuatro escenarios.
Primer escenario: el ingeniero Enrique Bolaños gana contundentemente, en forma indiscutible, las elecciones presidenciales. En este escenario, aumentará sustancialmente la inversión nacional y extranjera, se incrementará la producción, mejorará la educación y la salud, bajarán los actuales niveles de desempleo, se reducirá la pobreza, veremos menos arbitrariedades e injusticias, y continuarán en forma más acelerada las obras de progreso, obras que indiscutiblemente ha realizado este gobierno, aunque opacadas por la corrupción que lo ha caracterizado. En cambio, a mí no me cabe la menor duda que un gobierno presidido por el ingeniero Enrique Bolaños va a estar definido por los principios de honestidad y eficacia.
Segundo escenario: don Daniel Ortega gana también en forma amplia e inobjetable la Presidencia de la República. Yo considero que no va a suceder lo que sucedió inmediatamente después del 19 julio de 1979, pero esto no significa que no habrá represión, la cual ahora se va a llevar a cabo selectivamente y de manera sofisticada. Será una represión realizada con un “tecnicismo legal, judicial y policiaco” altamente depurado, que permitirá a don Daniel reprimir, en primer lugar, a los que se “hayan portado mal”, en segundo lugar, a los que “no se están portando bien”, y en tercer lugar, a los que se considere sospechosos “de que se van a portar muy mal”. La fuga de capitales, la dramática disminución de la inversión extranjera y una mayor inseguridad jurídica de la propiedad serán, entre otros, los factores que profundizarán la miseria.
Tercer escenario: Don Daniel Ortega gana las elecciones al ingeniero Bolaños en forma apretada. Débiles como aisladas voces de protesta de algunos liberales por “irregularidades electorales” se dejarán oír durante pocos días, sin consecuencias de ninguna clase. En estas circunstancias el orteguismo tranquilamente asume el poder, y comienza la represión descrita en el segundo escenario.
Cuarto escenario: El ingeniero Bolaños gana apretadamente las elecciones al mentado don Daniel por un margen muy estrecho. Las turbas orteguistas dirigidas por la policía política de la década de los ochenta y por los comandos electorales, protestan por el “robo” de las elecciones, y con acciones violentas, que se desparraman por toda la geografía nacional, siembran el caos. Después de muchos días de violencia, protagonizada por masas “anarquizadas”, y ante la impotencia de la Policía Nacional para imponer el orden, cualquier desenlace dramático podría producirse, inclusive un golpe de estado.
Este cuarto escenario no solamente es una posibilidad prevista por mis augures, sino también por algunos analistas políticos europeos. Me decía hace pocos días en San José de Costa Rica un periodista y cientista político español que él tenía la impresión de que el orteguismo no iba a permitir que el liberalismo asumiera de nuevo el gobierno de este país si el ingeniero Bolaños ganaba las elecciones, si ganaba la carrera hacia el poder, por “una décima de segundo”. Esto me lo confirmó un amigo sandinista, que se mueve en las alturas del orteguismo, al decirme que una derrota electoral del mentado don Daniel significaría el inicio de un irreversible proceso de desintegración orteguista, razón por la cual no van a permitir que el PLC gane las elecciones por puntos. Tendrá que ganar –agregó– por nocaut, en cuyo caso el orteguismo no tendría nada que hacer.
No obstante el contenido futurista e imaginativo de los cuatro escenarios, los nicaragüenses con convicciones democráticas debemos estar alertas y no confiarnos.
Cualquiera de los cuatro escenarios puede darse. Se deben redoblar los esfuerzos necesarios para que sea una realidad el primer escenario. La democracia debe ganar no dos por uno, sino tres por uno, es decir, que en las urnas electorales por cada voto orteguista deben haber tres votos a favor del ingeniero Bolaños. Para no caer en el peligro de hundir más a este pueblo en otra trágica orteguización, las fuerzas democráticas deben ganar la próxima contienda electoral por nocaut: tres por uno.
*El autor es abogado y escritor.