¿Qué le depara el 2001 a Somoto?

Hugo Ramón García*

Hemos entrado a un nuevo siglo dejando atrás en el pasado un volcán de frustraciones. En ese caminar de la historia donde se recogen experiencias y desengaños, Somoto ha llevado en sus propias carnes el atropello brutal y contencioso de los “políticos” indolentes; de esos mercaderes que afloran por doquier en los espacios conformistas de una ciudad que la han acostumbrado a vivir en la injusticia, atada por completo a las formas domesticables de su propia “cultura”.

Muchos calendarios desfilaron por las páginas del tiempo y Somoto siempre fue objeto del carácter simple de sus “representantes” a quienes terminantemente les ha interesado acumular riquezas personales por una parte, y por otra beneficiar con cargos públicos inmerecidos a los que tienen cuentas pendientes con la justicia y que con clásico servilismo les rinden a sus pies el incensario de la necia adulación.

Los “políticos” somocistas que vienen de las entrañas de un sistema corrompido y feudal, jamás han procurado lo mejor para Somoto y lejos de cultivar una idea de utilidad pública para esta ciudad abandonada por ellos, se limitan a la fastidiosa rutina de la mentira y el engaño, obtenidos en la escuela de la demagogia donde se han “destacado” como discípulos sobresalientes en ese tipo de práctica.

Somoto única y exclusivamente ha progresado en sus aspectos materiales gracias a la brillante administración municipal del ex alcalde Manuel Maldonado Lovo, quien por sus oportunas gestiones con los hermanamientos de ciudades como España, Francia y Estados Unidos, ha logrado imprimirle a esta cabecera departamental de Madriz que inmortaliza la memoria del Dr. José Madriz, un aspecto atractivo que la ha sacado del atraso en el cual la mantuvieron por varias décadas los “ideólogos” del somocismo; los agentes de una doctrina cavernaria que hicieron y siguen haciendo de la política un instrumento de negocio y de prosperidad particular.

Después de tanta mentira, y tanto engaño que los “políticos” somocistas han proferido en contra de una ciudad que la usan de escalera en sus enfermas ambiciones, ¿qué le depara el 2001 a Somoto?.

¿Le vendrá más pobreza de la que tiene, causada por el elevado índice de desempleo? ¿Subirán los novedosos porcentajes de la prostitución clandestina producidos por el mismo desempleo que asfixia a la sociedad?.

¿Saldrán más somoteños hacia el extranjero en busca de trabajo para sobrevivir porque el actual Gobierno somocista que preside Arnoldo Alemán no les garantiza nada en concepto de ocupación?. ¿Aumentará la tasa de impuestos fiscales, conjuntamente con las tarifas de agua y luz?

¿Los maestros, los médicos, y las enfermeras, que educan los unos y salvan vidas los otros, seguirán devengando un sueldo de hambre, mientras los ministros y los diputados se recetan un sueldo astronómico en dólares que les permite llevar una vida regalada, y una lujosa quinta a la orilla del mar para sus paseos de fin de semana y de verano?

¿Les aumentarán a los maestros jubilados que dejaron su juventud y parte de sus vidas frente a una pizarra formando a muchas generaciones de Somoto que hoy ocupan sus lugares en diferentes áreas de servicio?

¿Por qué el presente Gobierno somocista no destina un presupuesto de las arcas del Estado y construye en Somoto un asilo de ancianos de manera que los octogenarios abandonados a su “suerte” no sigan causando lástima en la población?.

El 2001, es el año electoral; el año “de las grandes decisiones” para ganar o perder. ¿Volverán, dijo Bécquer, las oscuras golondrinas?. ¿Y, esta vez, en este Nuevo Siglo, cuando surgen nuevas interrogantes y se asoman por las ventanas de la historia los rostros alegres de la juventud, volverán las negras golondrinas del somocismo a empañar con sus alas el paisaje nacional?

*El autor es periodista.  

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